Comunicación
Social

Viernes, 05 Diciembre 2025 09:00

Jamás Carmen cederá

Las cifras son claras: en 2024, aproximadamente 50 mil mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas

 

En la famosa obra de Bizet, la protagonista proclamaba “Jamais Carmen ne cédera”, para refrendar que la libertad no es negociable. Esta ópera es considerada como una crítica temprana a la violencia de género y un recordatorio de la importancia de luchar por la justicia.

 

A 150 años de distancia es otra Carmen la que pone el ejemplo y, desde la resistencia y visibilización de la violencia machista, nos enseña que cada sobreviviente que alza la voz rompe un silencio que el patriarcado da por sentado.

Las cifras de ONU Mujeres son claras: en 2024, aproximadamente 50 mil mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas o familias en el mundo; se estima que el 80% de las personas desplazadas por cambio climático son mujeres, y al menos 230 millones de mujeres y niñas han sido víctimas de mutilación genital femenina. Dolorosamente, las formas de violencia no caben en estas líneas y los números incrementan sin tregua.

 

Este es el caso de Carmen Sánchez, sobreviviente de violencia ácida, que junto a Ximena Canseco cofundó la fundación que lleva su nombre. Ambas han hecho una labor titánica por registrar estos ataques en México, han acompañado a otras sobrevivientes de esta forma extrema de violencia e impulsan el reconocimiento jurídico de la violencia química, además de la ácida. Si bien los ácidos están presentes en muchos de los ataques perpetrados, existen otras sustancias químicas que tienen el potencial de destruir la piel de las personas y provocar daños que pueden ser irreversibles. La misma Ximena detalla que de las más de 125 mil sustancias químicas peligrosas, 25 mil provocan quemaduras en la piel.

 

La organización Acid Survivors Trust International estima que cada año ocurren aproximadamente 10 mil ataques con ácido y otras sustancias químicas en el mundo. México no está exento. Hay un gran subregistro y falta de homologación en su tipificación, pero las activistas apuntan a que cada año hay más de 100 víctimas de un ataque químico en nuestro país. Casi siempre hacia la cara o brazos de mujeres jóvenes, en su gran mayoría orquestado por hombres cercanos y con la intención de truncar una vida desde la cosificación del cuerpo femenino.

 

Pero hay algo poderoso de ver a mujeres sobrevivientes de alguna de estas violencias fortalecerse para luchar por la colectividad y por justicia para su caso. Aunque no deberíamos de ser valientes en lo público ni deberíamos de dejar la vida en búsqueda de reparación, hay algo profundamente político y democrático en ver plataformas llenas de las voces de quienes, en primera persona, comparten testimonios —más allá de la frialdad de los números— para visibilizar y gritar a la comunidad lo que muchas veces no queremos ver.

 

Por eso, esta violencia no puede ni debe leerse como un delito de lesiones, pues es violencia de género cruda y directa. Tampoco es accidental, toda vez que se trata de la culminación de patrones de control. Mucho menos es el acceso al químico, sino su instrumentalización como arma la que quema en lo más profundo.

 

Gracias a la lucha de activistas a lo largo y ancho del mundo, las mujeres y otras poblaciones hemos tenido un refugio en donde el Estado no alcanza. Son las sobrevivientes y las que acompañan quienes han sembrado las semillas de la igualdad para que las siguientes generaciones cosechen una vida libre de violencia.

 

En pocos días concluyen los 16 Días de Activismo, esa campaña internacional que con naranja llamativo busca visibilizar las distintas caras de la violencia de género alrededor del mundo para exigir su prevención y erradicación. Pero las violencias de género todavía son cercanas y palpables. Por eso, sigamos alzando la voz. Ocupamos los espacios públicos que nos corresponden sin pedir perdón para seguir exigiendo justicia para ellas y una vida libre de violencia para todas. 

 

AMALIA PULIDO GÓMEZ

PRESIDENTA DEL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE MÉXICO

@PULIDO_AMALIA 

Viernes, 21 Noviembre 2025 09:00

El fin de la moderación

El desenlace decembrino no solo definirá quién gobernará Chile, sino qué tan preparada está su democracia para procesar virajes profundos

 

Chile vuelve a ocupar un lugar central en la conversación pública latinoamericana. La primera vuelta de las elecciones presidenciales -con Jeannette Jara, candidata del Partido Comunista, y José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, avanzando al balotaje-, confirma que el país austral funciona como un laboratorio donde se ensayan las que pudieran convertirse en grandes tendencias políticas del continente. El viraje hacia opciones en los extremos, la recomposición del electorado y la creciente polarización resuenan más allá de Santiago: son parte de un clima regional marcado por la incertidumbre y el desgaste de los partidos tradicionales.

 

La explicación de este giro no se agota en la oferta política. En el trasfondo operan factores materiales que hoy pesan mucho en la vida cotidiana chilena: el aumento de la migración, la presencia de redes delictivas transnacionales y la percepción de que el Estado perdió capacidad para responder a las demandas. Kast capitalizó ese malestar con un discurso de control y seguridad que resulta especialmente persuasivo entre votantes jóvenes. Jara, por su parte, impulsó una narrativa de protección social -vivienda para la población joven, levantamiento del secreto bancario, políticas laborales- que pretende responder a las mismas preocupaciones desde una plataforma progresista.

A ello se suma un cambio institucional de enorme alcance: la restitución del voto obligatorio. Con esta medida, más de cinco millones de nuevos votantes acudieron a las urnas para evitar multas, alterando por completo la composición del electorado. Esta vez se escuchó la voz de quienes suelen permanecer apáticos. Su participación explica buena parte del mapa político actual, así como las estrechas diferencias entre las dos candidaturas que disputarán la presidencia. La democracia chilena también destaca por admitir el voto de personas extranjeras que residen legalmente en su territorio: casi 900 mil electores de origen venezolano, peruano, boliviano, colombiano o argentino. Este electorado tiene un peso real, aunque las izquierdas no supieron incorporarlo en su discurso y algunas voces de derecha lo asociaron -sin evidencia- a los debates sobre inseguridad.

 

La fragmentación partidista y la irrupción de candidaturas antisistema completan el cuadro. Las propuestas de derecha acumularon preferencias que podrían inclinarse hacia Kast en el balotaje. El oficialismo chileno enfrenta horas difíciles, mientras Jara busca consolidar apoyos en un electorado de mayor edad que se inclina por propuestas menos disruptivas. El choque generacional es, quizá, uno de los elementos más novedosos. La derecha dura domina entre las juventudes que crecieron sin la memoria del autoritarismo, mientras que sectores progresistas encuentran mayor respaldo en quienes vivieron la transición democrática.

 

Mirar a Chile no es un ejercicio remoto. A América Latina le debe interesar por lo que pudiera mostrar sobre la dificultad de sostener consensos en sociedades cada vez más heterogéneas que se balancean entre problemas de seguridad y garantía de derechos. La experiencia chilena recuerda que las instituciones deben adaptarse a cambios demográficos, sociales y culturales.

 

El desenlace decembrino no solo definirá quién gobernará Chile, sino qué tan preparada está su democracia para procesar virajes profundos sin romper el tejido social que la ha distinguido durante décadas. Si logra encauzar el descontento hacia soluciones institucionales y no hacia la confrontación permanente, ofrecerá a la región una brújula en tiempos de desorden. De no ser así, confirmará que la moderación, lejos de ser la regla, es hoy un bien escaso que debemos cuidar con inteligencia e instituciones capaces de sostener el diálogo democrático, incluso cuando el péndulo se mueve hacia los extremos.

 

 

POR AMALIA PULIDO

PRESIDENTA DEL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE MÉXICO

@PULIDO_AMALIA

Viernes, 28 Noviembre 2025 08:00

EL VALOR QUE NO SE PAGA

Esta semana el INEGI publicó un estudio sobre el Trabajo No Remunerado de los Hogares. Este documento mide, cuantifica y asigna un valor monetario al trabajo doméstico y de cuidados que las personas hacemos en nuestro quehacer cotidiano. Se trata de una buena práctica reconocida internacionalmente, pues permite visibilizar adecuadamente esa fuerza desplegada al seno de las familias que, aunque suele ser tras bambalinas, aporta valor y posibilita que el resto de las actividades económicas se desarrollen adecuadamente.

 

Los resultados del estudio son contundentes. El año pasado, el valor económico del trabajo no remunerado en México ascendió a 8 billones de pesos, lo que equivale al 23.9% del PIB. Si esta actividad fuera un sector económico formal, sería más grande que la manufactura, el comercio o la construcción.

 

No sólo es preocupante que todo ese valor no sea adecuadamente captado por las cuentas nacionales ni reconocido por su contribución a la ciudadanía. También lo es que su distribución sea tan marcadamente desigual. De acuerdo con el INEGI, las mujeres generan el 72.6% del valor económico del trabajo doméstico y de cuidados, mientras que los hombres apenas aportan el 27.4%. Esta disparidad no obedece a arreglos familiares ineficientes, sino a una franca asimetría que debe ser revisada con perspectiva de género. Las mujeres jefas de hogar aportaron –en promedio– $83,500 pesos, mientras que las que se reconocen como cónyuges debieron aportar hasta $106 mil pesos.

 

Pero las cifras no nos deben confundir. No se trata sólo de números. Muchas veces hablamos de disfrute, tiempo de vida, oportunidades laborales que no se toman, carreras profesionales que no despegan y de autonomía económica que no llega. Aquí subyace buena parte de la explicación de que muchos liderazgos profesionales y empresariales sigan recayendo en varones.

 

Esto abre una pregunta esencial para el debate público: ¿por qué medir algo que históricamente se consideró “natural” y privado? Porque lo que no se mide, no existe para la política pública. Cuantificar el trabajo no remunerado permite demostrar que el bienestar social descansa en millones de horas que no aparecen en las estadísticas laborales, pero sin las cuales nada funciona: ni las escuelas, ni las empresas, ni el Estado mismo.

 

Esto es particularmente palpable en el Estado de México. Nuestra entidad aporta 12 de cada 100 pesos de trabajo no remunerado en el país. Es decir, en las familias y comunidades de la entidad se produce la mayor cantidad de cuidados en México. Parafraseando a la economista en Jefe de ONU Mujeres, Shahra Razavi, este trabajo es la base sólida sobre la que se sostienen las industrias, las economías y las escuelas. Sin él, la sociedad no puede funcionar.

 

Por supuesto, el caso mexicano no es único. En Suiza, el trabajo no remunerado es casi tan grande como el sector bancario y de seguros. En Tanzania, puede representar hasta 63% del PIB

 

Reconocer el trabajo doméstico no es retórica política. Es esencial porque cuando el cuidado recae mayoritariamente en mujeres, las desigualdades se reproducen. Si, por el contrario, se distribuye equitativamente y se apoya con políticas públicas, crece el empleo, aumenta la participación laboral femenina y se fortalece la democracia, porque un país más igualitario es también un país más representativo.

 

Por eso, este estudio debería ser leído como una invitación a actuar. El llamado está sobre la mesa: hacer visible lo invisibilizado. Que las mujeres no sigan cargando solas con la tarea que mantiene viva a la nación. Que medir sea el primer paso para transformar. Que la democracia se construya también desde el cuidado, el afecto y el tiempo —porque ese trabajo no sólo sostiene a la economía; sostiene a la vida misma.

Lunes, 10 Noviembre 2025 09:00

¿Logros demócratas o democráticos?

Nueva York nos demostró que la apatía en las urnas se responde con propuestas atractivas

 

El pasado martes 4 de noviembre, presenciamos unas elecciones especiales en Estados Unidos que abrieron múltiples frentes de análisis, pero que invitan a interpretaciones cautelosas sobre el posible fortalecimiento del Partido Demócrata. De entre los muchos comicios celebrados ese martes, me referiré concretamente a la elección por la alcaldía de la ciudad de Nueva York y la Proposition 50 (PROP 50) como medida sometida a votación en California.

 

Nueva York estuvo a la altura de una obra de Broadway electoral. Zohran Mamdani, después de enfrentarse atípicamente a otras dos candidaturas, será el primer musulmán en gobernar esa ciudad. Con una agenda congregadora de intereses transversales, capturó el voto de personas latinas, afroamericanas, jóvenes y de clase trabajadora que se sintieron apeladas con un discurso centrado en asequibilidad –guarderías y autobuses gratuitos, y congelación de alquiler en departamentos con renta estabilizada–. Mamdani logró en las urnas lo que hace mucho no veíamos. Aunque juntó para su campaña aproximadamente $30 millones de dólares menos que su principal contrincante, ganó con una holgura inimaginable. Obtuvo 50.4% de los sufragios, casi 10 puntos arriba del candidato independiente que quedó en 2º lugar. El candidato republicano se quedó muy lejos, con 7% de las preferencias.

Por su parte, California sentó las bases para una re-edición del uso del gerrymandering. Para contrarrestar la redistritación partidista en Texas que le garantiza cinco asientos extras al Partido Republicano en el congreso local, el gobernador de California, Gavin Newsom, impulsó la misma estrategia en su estado: cambiar la geografía electoral para garantizar cinco asientos demócratas en California. Esta suerte de “ojo por ojo” implica abandonar temporalmente los comités independientes que trazan los límites distritales en California para avanzar a una geografía deliberadamente diseñada para favorecer al Partido Demócrata. Dos de cada tres votantes respaldaron la PROP 50.

 

Más allá de que este resultado nivele el escenario político, genere reciprocidad entre las estrategias de los partidos y abone a la construcción de la candidatura presidencial para Newsom, lo cierto es que la afectación a la integridad electoral es lamentable. Todos los estándares internacionales obligan a construir las demarcaciones territoriales a partir de criterios objetivos e insesgados. Texas y California dan un paso atrás. 

 

 

La forma de hacer política está cambiando. Nueva York nos demostró que la apatía en las urnas se responde con propuestas atractivas para el votante mediano, con políticas cercanas a la realidad y con la movilización de las juventudes. Por su parte, California se posiciona como un faro demócrata con un liderazgo que podría dar guía al naufragio partidista de los últimos años al tiempo que nos enseñó cómo la innovación en el uso de herramientas políticas de antaño genera interés en el electorado.

 

Aunque estos logros no son menores, especialistas han enfatizado la importancia de tomarlos con precaución. Si bien la aprobación del presidente Trump va a la baja, el buen desempeño del Partido Demócrata en elecciones especiales e intermedias no es una sorpresa. Pero eso no siempre ha sido buen augurio para elecciones de mayor calibre. Aunque la literatura especializada ha encontrado que estas elecciones muchas veces funcionan como termómetros prospectivos para la carrera por la presidencia, esto no siempre se confirma. La realidad indica que las elecciones locales de mitad de término siguen una lógica distinta en la que se priorizan los problemas y las candidaturas locales sobre perfiles de candidaturas con alcance nacional y aspectos que trastocan lo federal.

 

Será importante analizar los resultados electorales de 2026 y 2028 de Estados Unidos a la luz del desempeño demócrata en las elecciones especiales del pasado martes. Parece ser que el partido azul está logrando posicionarse frente a un candidato anti-establishment que ha desestabilizado y cambiado la política mundial. Un cambio de paradigma en los próximos años en nuestro vecino del norte tiene un potencial desmovilizador para el fortalecimiento de la ultraderecha alrededor del mundo; lo contrario podría propagarlo. Tocará mantenernos vigilantes y aprender otras formas de promover la educación cívica y la participación ciudadana: ésas que resultan de cercanía a los ideales de los institutos políticos y que, de forma renovadora, despiertan el interés de las personas votantes.

 

 

POR AMALIA PULIDO

PRESIDENTA DEL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE MÉXICO

@PULIDO_AMALIA

Jueves, 30 Octubre 2025 09:00

Milonga de la motosierra

El reciente triunfo del oficialismo argentino confirmó una tendencia que recorre buena parte de América Latina: el fortalecimiento de proyectos de derecha que combinan discurso antisistema con pragmatismo económico. La nueva melodía política apostó por la ortodoxia y el mercado, aunque a costa de una mayor dependencia de ritmos extranjeros.

 

La elección del domingo pasado dejó tres hallazgos clave. El primero fue su resultado. Con más de 40% de los votos, el oficialismo se impuso en dos de cada tres provincias y amplió su representación en el Congreso. El tamaño del triunfo sorprendió a quienes, tras la victoria peronista de hace apenas unas semanas, veían inminente el regreso de la izquierda al poder. La democracia, una vez más, recordó que los resultados nunca son definitivos y las derrotas pueden revertirse

 

Hay razones de fondo que explican el respaldo al proyecto de La Libertad Avanza. Javier Milei recibió un país con una inflación desbordada y logró reducirla a tasas más razonables. También aplicó su icónica política de la “motosierra” para contraer el gasto público, con lo que contuvo un déficit fiscal que había vuelto inmanejable la economía.

 
 

Esa estrategia, sin embargo, no ha estado exenta de costos. El achicamiento del sector público y la desaceleración económica han provocado tensiones sociales. Además, el modelo cambiario obliga al gobierno a vender divisas constantemente, comprometiendo las reservas internacionales y la estabilidad de largo plazo.

 

Es ese entorno el que explica el impacto del apoyo estadounidense sobre el electorado. Trump condicionó al triunfo oficialista el intercambio de 20 mil millones de dólares y a la compra directa de pesos argentinos. Si bien el cumplimiento de esa declaración es incierto, la coordinación entre ambos gobiernos no pasó inadvertida. Esto podría sugerir una visión de la política exterior guiada por la rentabilidad más que por la ideología.

 

A su vez, el resultado electoral confirma que el proyecto de Milei conserva un respaldo significativo, sobre todo entre las juventudes. Diversos estudios muestran que esta generación es crecientemente conservadora y que encuentra atractivo un discurso que promete romper con la política tradicional, tras décadas de frustración económica y desgaste institucional.

 

 

El segundo hallazgo es la baja participación: un tercio del electorado se abstuvo, marcando la tasa más baja en cuatro décadas. Incluso en países con voto obligatorio, se consolida una tendencia preocupante: proyectos ideológicos fuertes en contextos de participación debilitada.

 

El tercer hallazgo alude a la autenticidad del sufragio. Pese a las dudas iniciales, la boleta única en papel funcionó de manera adecuada: los votos válidos superaron el 97%. Esto demuestra que la ciudadanía está dispuesta al cambio cuando las reglas son claras y la pedagogía electoral acompaña la transición.

 

El laboratorio argentino reabre la discusión sobre el papel del mundo exterior en la formación de las preferencias políticas. En una era globalizada, cualquier persona está expuesta en tiempo real a narrativas internacionales que moldean su percepción. De ahí la relevancia de contar con instituciones electorales sólidas e independientes, capaces de garantizar que la voluntad ciudadana sea la que decida cuándo refrendar y cuándo corregir el rumbo político de cada nación.


 

Porque la política latinoamericana, como una vieja milonga, cambia de ritmo sin perder la melodía. Hoy Argentina marca su propio compás: una derecha que corta con fuerza, pero que deberá aprender a escuchar el paso de su ciudadanía antes de que la música se detenga.

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