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Jueves, 02 Octubre 2025 08:00

Una herencia inolvidable

La segunda mitad del siglo XX evidenció la fuerza política de las juventudes. Eran los años sesenta: París con su mayo libertario, la Primavera de Praga, las protestas contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos, y las marchas estudiantiles en Santiago de Chile, Roma y Tokio. Grupos de jóvenes levantaron la voz para reclamar un mundo más democrático, más justo, más humano.

 

México no fue la excepción. En nuestro país, el movimiento estudiantil emergió dentro de las aulas del IPN y de la UNAM, pero también dentro de los centros educativos locales. Se organizaron marchas y asambleas en Oaxaca, Puebla, Michoacán, Nuevo León y el Estado de México, por citar algunos ejemplos. Recordarlo es necesario. El proceso democratizador no se forjó únicamente en el centro, sino en un mosaico de luchas juveniles que atravesaron todo el territorio.

 

Los grupos estudiantiles organizaron brigadas culturales, tomaron plazas y difundieron un pliego petitorio que exigía libertades básicas: fin de la represión, desaparición de cuerpos policíacos violentos, liberación de presos políticos y respeto a los derechos constitucionales. Ninguna petición buscaba la subversión: estaban en sintonía con el anhelo democrático que recorría el planeta.

 

Las demandas mexicanas no eran aisladas. Formaban parte de una ola mundial que cuestionaba imperialismos dogmáticos y desigualdades estructurales. En París, las y los estudiantes desafiaron al gaullismo con consignas de imaginación y libertad. En Checoslovaquia, se luchaba por un ‘socialismo de rostro humano’. En Estados Unidos, se jugaron la vida al protestar contra una guerra injusta. En cada uno de estos escenarios, las juventudes se convirtieron en motor de cambio.

 

Por eso fue tan significativo que el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, marchara para defender las libertades de cátedra y opinión. Sus esfuerzos hicieron evidente que la autonomía universitaria no se puede considerar como una consigna trasnochada, sino como un principio en aras del avance de la ciencia y el pensamiento crítico.

 

A pesar del ánimo democratizador del movimiento estudiantil mexicano, la respuesta desde un régimen hegemónico y autoritario fue brutal. Mientras que las marchas ganaban fuerza, el Estado desplegó al Ejército en las calles, ocupó planteles escolares y criminalizó a los grupos estudiantiles. El 2 de octubre de 1968 el gobierno desató una matanza contra una multitud pacífica en la Plaza de las Tres Culturas. Esa noche marcó a una generación y fracturó la legitimidad de un régimen que se decía heredero de la Revolución.

 

Han pasado más de cinco décadas de ese momento. México ya no es el mismo. Hoy existen cauces institucionales y pacíficos para dirimir nuestras diferencias: elecciones libres, tribunales electorales y organismos autónomos electorales. No es una democracia perfecta —ninguna lo es—, pero ofrece las herramientas necesarias para que las demandas de la ciudadanía se escuchen. Ese es, probablemente, el triunfo más grande de las juventudes del 68: sembró una semilla de inconformidad que obligó al régimen a abrir espacios de participación política.

 

Su legado está presente en la convicción de que la educación es un derecho, no un privilegio. La herencia vive en el rechazo a cualquier forma de autoritarismo.

 

El 2 de octubre no se puede olvidar, pues es la advertencia más clara de las consecuencias de un poder que se cierra al diálogo y responde con violencia. Recordar a esa generación es un compromiso con la igualdad, con la educación pública y con la libertad. Nos enseñaron que la democracia se defiende día a día. Honrar su memoria significa preservar la democracia que obtuvimos para continuar ampliándola.

Viernes, 26 Septiembre 2025 08:00

Observar los astros desde la igualdad

Julieta Fierro nos mostró que la ciencia podía contarse de forma simple y que la educación pública cambia destinos. Nos corresponde demostrar que sus enseñanzas la sobreviven

 

La aclamada y brillante astrónoma mexicana, Julieta Fierro, volvió a ocupar titulares el pasado viernes. Su partida de este plano ha permitido recordar su amplísimo legado y conmemorar sus logros, pues en un país donde la astrofísica suele sonar ajena y reservada a minorías privilegiadas, ella la hizo cotidiana y atractiva. Su narrativa fue capaz de llevarnos de la mano por galaxias –como quien cuenta un cuento–, pero sin perder el rigor académico.

 

No es casualidad que resumiera su vasta trayectoria en una línea simple: “Me dedico a la divulgación”. Esa frase, que parecería modesta frente a sus vastos logros y trayectoria, encierra una visión profundamente política. La ciencia puede y debe ser territorio para la igualdad. En un país donde la educación pública sigue en desarrollo, ella apostó por abrir el conocimiento. Y es que en un mundo en donde lo personal es irrefutablemente político, hablar de Julieta Fierro también es hablar de género. Este factor lleva a admirar su trayectoria aún más.

 

Aunque innegablemente ha habido un aumento en la participación de mujeres en la ciencia, ésta todavía es marginal. De acuerdo con datos de la ONU, solo el 35% de todo el alumnado de carreras relacionadas con las ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres. De hecho, los mismos datos señalan que, más allá de la educación formal, las mujeres en estas áreas perciben, en promedio, salarios 85% menores que sus homólogos masculinos.

 

A esto se suman razones de sobra para sostener la importancia de la participación femenina en cada uno de los espacios de creación de conocimiento. Ese vacío tiene consecuencias concretas: algoritmos que no reconocen voces femeninas, chalecos antibalas que no se ajustan a sus cuerpos y coches diseñados para resistir choques en cuerpos masculinos, por citar sólo algunos ejemplos. El mundo, literalmente, se sigue diseñando como si las mujeres fuéramos una anomalía.

 

Ese conjunto de omisiones dibuja una verdad incómoda: el conocimiento no es neutral. Está moldeado por quienes lo producen, y durante siglos quienes lo produjeron fueron hombres. Julieta Fierro rompió esa inercia al mostrar que se podía mirar al universo con ojos distintos, con un lenguaje que no excluyera y con preguntas que partían también de la experiencia femenina.

 

La divulgadora se convirtió, en ese contexto y casi por accidente, en un faro. No solo porque inspiró a miles de niñas y jóvenes a imaginarse en la ciencia, sino porque ejerció una pedagogía política: demostró que la curiosidad no es un privilegio reservado para los hombres. En sus conferencias lo mismo aparecían niñas de primaria que investigadores consolidados, todos y todas fascinadas por su capacidad de transformar lo abstracto en tangible. Su estilo probó que la divulgación es una herramienta extraordinaria para democratizar el saber.

 

La figura de Fierro adquiere una dimensión simbólica enorme. No se trata solo de recordarla como pionera, sino de preguntarnos qué hacemos con su legado.

 

El verdadero homenaje será cuando una niña mexicana sentada en una clase de primaria pueda hablar de galaxias sin que nadie dude de que ese también puede ser su futuro. Será cuando una joven con hijos pueda terminar su carrera porque tiene acceso a una guardería. Sucederá cuando una investigadora no tenga que elegir entre publicar o sobrevivir a un ambiente hostil.

 

Julieta Fierro nos mostró que la ciencia podía contarse de forma simple y que la educación pública cambia destinos. Nos corresponde demostrar que sus enseñanzas la sobreviven. En sus palabras: ¡Recuerden que la ciencia es libre!

 

 

POR AMALIA PULIDO

PRESIDENTA DEL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE MÉXICO

@PULIDO_AMALIA

Jueves, 18 Septiembre 2025 08:00

La democracia existe y resiste en el mundo

La democracia se encuentra en movimiento. Se ha estudiado en diferentes épocas, contextos y desde distintas miradas. Los procesos de democratización han sido entendidos desde contextos individuales, pero con elementos básicos que permiten la comparabilidad. Elecciones libres e incluyentes, protección a libertades civiles y respeto y apego a las normas, son algunos de los componentes mínimos para poder considerar un régimen como democrático.

 

Año con año distintos estudios miden y analizan el estado actual de la democracia desde una perspectiva comparada. Aunque recientemente todos los reportes apuntan a un declive generalizado de la calidad de la democracia, las causas atribuibles son variadas: factores económicos, lejanía con la élite política y desigualdad, entre otras. El ciclo electoral más grande de los últimos años –74 elecciones celebradas en 2024–, se miraba como una oportunidad de renovación, pero el recién publicado informe de IDEA Internacional da cuenta de su fragilidad y apunta a cómo la lógica geopolítica potencia el declive.

 

A partir de 154 indicadores para 174 países, el informe Global State of Democracy 2025 se enfoca en medir el desempeño nacional en cuatro áreas clave de la democracia –representación, derechos, estado de derecho y participación–. En 2024, 94 países, equivalentes al 54% de los analizados, experimentaron un deterioro en al menos uno de los pilares de su desempeño democrático respecto a cinco años atrás. Apenas 55 países, es decir, un 32%, lograron mejorar en alguno de esos factores. La balanza se inclina hacia el debilitamiento.

 

 

La representación fue la dimensión más robusta. Cuarenta y siete países alcanzaron puntajes altos en esta categoría. Sin embargo, justo aquí se encierra la paradoja. Por cada país que avanzó, siete retrocedieron. La promesa del voto universal sigue en pie, pero su ejercicio real enfrenta erosiones persistentes. Para México resalta que su puntaje más alto es el voto incluyente, reflejo de años de experiencia y construcción desde los institutos electorales.

 

Pero quizás lo más interesante del reporte es que pone el acento en que los declives están interconectados. IDEA centra su atención en el rol de la nación hegemónica en la configuración política mundial posterior a la Guerra Fría y su nuevo papel en el concierto global. En cuestión de meses, el país que durante décadas fungió como faro democrático redujo su apoyo financiero y diplomático a la promoción de la democracia en el mundo, lo que impactó en proyectos de desarrollo en todas las latitudes. Cuando la primera potencia global deja de abrazar los principios que lo caracterizaron por décadas, los efectos de arrastre alcanzan a gobiernos que buscan justificar sus propios abusos.

 

El balance general del Global State of Democracy 2025 no es alentador, pero tampoco definitivo. La democracia sigue viva en la medida en que la ciudadanía alza la voz, organiza movimientos, reclama justicia y acude a las urnas, incluso en contextos adversos. El dato más esperanzador es que la participación social, pese a todo, resiste. La tarea, sin embargo, es inmensa: reforzar la independencia judicial, proteger la libertad de prensa, garantizar elecciones creíbles y reconocer la voz de quienes, aun viviendo fuera de sus países, son parte esencial de la comunidad política.

 

La democracia, recuerda el informe, siempre está en movimiento. Requiere paciencia, mantenimiento y, en ocasiones, reinvención. En un mundo en donde persisten los retrocesos, el futuro de la democracia dependerá de la capacidad colectiva para mantenerla como un proyecto en construcción, perfectible y universal.

 
Jueves, 04 Septiembre 2025 08:00

Lecciones modernas desde el viejo mundo

El acelerado ritmo con que avanza el desarrollo tecnológico ha generado aparentes contradicciones con algunos principios fundacionales de las sociedades modernas. Mientras surgen plataformas que facilitan la discusión pública, también es más recurrente la discriminación y la violencia digital que enfrentan ciertas personas, lo cual afecta considerablemente el ejercicio de sus derechos.

 

No obstante que se están generando los primeros modelos para regular la Inteligencia Artificial (IA), cada día surgen novedosos esquemas que, aunque tienen usos positivos, también significan nuevos retos. Uno de ellos es el uso de inteligencia artificial generativa para crear imágenes sintéticas como los deepfakes. Este tipo de generación de puede vulnerar los derechos fundamentales de las personas, por que debemos empezar a centrar más atención en ello.

 

En tiempos en que las democracias enfrentan tensiones crecientes, resulta necesario aprender sobre la forma en que otras regiones evalúan sus procesos electorales. Hace algunas semanas, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) emitió un Informe que analiza el estado actual de los derechos fundamentales. Si bien sus hallazgos se circunscriben a los países del viejo continente, nuestra región puede obtener lecciones desde otras democracias que también enfrentan desafíos relacionados a la esfera digital.

 

El reporte de la FRA subraya un punto crucial: los derechos fundamentales de las personas no son una realidad fuera de los regímenes democráticos. Más allá de ser un mecanismo para regular la competencia política, los procesos electorales son pruebas de fuego para el respeto efectivo de los derechos de la ciudadanía dentro de los límites geográficos de una nación. El voto libre y secreto; la equidad en la contienda; la protección frente a la desinformación, y el acceso a la información se convierten en indicadores para medir a las democracias.

 

Uno de los apartados más reveladores del reporte analiza la regulación del espacio digital. El reporte señala que en las plataformas en línea se genera desinformación, discursos de odio y campañas de manipulación que pueden distorsionar la voluntad popular.

 

La lección europea apunta hacia la necesidad de establecer marcos regulatorios claros que vinculen a las plataformas tecnológicas a mayor transparencia y rendición de cuentas. La libertad de expresión no debe convertirse en excusa para permitir la manipulación masiva. El reto, sin embargo, consiste en equilibrar la regulación sin entorpecer la libertad de expresión.

 

Entre las propuestas más prometedoras del reporte de la FRA se encuentran cuestiones como la creación de sistemas de respuesta rápida ante desinformación grave por parte de observatorios independientes; alfabetización mediática en escuelas y paneles con la ciudadanía para prepararla ante la manipulación informativa, y la regulación del contenido publicado en línea para garantizar los derechos digitales de la ciudadanía. Será importante evaluar marcos normativos y prácticas relacionadas con lo digital, para fortalecer nuestra cultura democrática y garantizar la equidad en la competencia electoral.

 

Sin duda, uno de los principales recordatorios del reporte es entender que el respeto a los derechos no se limita a la jornada electoral. Debemos observar el ciclo electoral completo. Accesibilidad en las campañas, cobertura mediática justa, protección frente a la violencia política y rendición de cuentas forman parte del entramado democrático en el que se sostienen y propagan los derechos humanos. La democracia mexicana no solo se mide con urnas llenas, sino en la forma en que la ciudadanía puede participar en política y en la discusión pública sin que sus derechos sean vulnerados, incluyendo lo digital.

Jueves, 21 Agosto 2025 08:00

Apuntes electorales desde Bolivia

Las elecciones presidenciales de Bolivia del pasado domingo marcan un punto de inflexión en la historia reciente del país. Por primera vez en casi dos décadas, el Movimiento al Socialismo (MAS), que bajo el liderazgo de Evo Morales fue la fuerza política predominante, quedó relegado a los márgenes de la contienda. Lo que parecía impensable hace unos años —una segunda vuelta entre dos candidatos alejados de la izquierda— es hoy una realidad que plantea interrogantes sobre el rumbo que tomará la nación andina.

 

Dos candidatos pasarán a la segunda vuelta del 19 de octubre: Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano con poco más del 32% de la votación, seguido por el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, de la alianza Libre, con casi el 27%. Por su parte, las candidaturas que representaban, de manera más o menos directa, la continuidad del MAS —Eduardo del Castillo y Andrónico Rodríguez—quedaron completamente desdibujados.

 

Aunque se había vuelto una constante que el MAS ganara con márgenes amplios, incluso con mayorías absolutas que hacían innecesaria la segunda vuelta, Del Castillo quedó en sexto lugar con apenas el 3% de la votación. Andrónico Rodríguez, considerado en su momento como potencial heredero del proyecto del MAS, apenas alcanzó el 8%. La caída en picada de esa fuerza política obedece a múltiples factores. Entre los principales: divisiones internas, desgaste de liderazgos y crisis económica. Las urnas de 2025 no hicieron más que confirmar una tendencia que ya se había insinuado en los últimos años.

 

 

Además de las divisiones de la izquierda, también pesó el desgaste de un modelo que, aunque exitoso en sus primeras etapas, no fue sostenible frente a cambios internacionales y problemas estructurales. El “milagro económico boliviano”, basado altamente en la exportación de hidrocarburos nacionalizados y en una inflación estable, reventó con la caída de precios internacionales, la reducción de reservas y la incapacidad de diversificar su producción.

 

En este contexto, la promesa de estabilidad del MAS dejó de ser creíble para una ciudadanía cada vez más desgastada. Siguiendo una de las escuelas clásicas de comportamiento electoral, la economía es un factor que define las preferencias políticas: las personas votan con el bolsillo.

 

Sin duda, la ausencia de Evo Morales en la contienda contribuyó al declive del Movimiento. El líder, oriundo del altiplano boliviano, quedó fuera del mapa electoral por disposiciones legales que le impidieron una nueva postulación. Lejos de aceptar ese desenlace, Morales denunció persecución y llamó al voto nulo, el cual alcanzó el 15% en un país en donde el voto es obligatorio. Estas elecciones podrían considerarse como un referéndum sobre su legado y que el electorado boliviano atraviesa un cambio profundo.

 

 

Frente a la implosión de la izquierda, emergieron dos candidatos de corte liberal y conservador. Rodrigo Paz Pereira que propone descentralización y es considerado como una alternativa a inercias históricas, y Jorge “Tuto” Quiroga que representa experiencia y propone la digitalización del servicio público. Pero no debe confundirse la derrota de la izquierda con un cheque en blanco a la derecha. Si bien los resultados evidencian fragmentación y desconfianza hacia las élites políticas tradicionales, también es cierto que el electorado castiga y premia a su clase política, alejándose cada vez más de los modelos de voto duro.

 

La segunda vuelta será un examen de legitimidad para el futuro gobierno. Bolivia parece alinearse a las tendencias internacionales: rechazo a las élites políticas, vueltas a la derecha y desesperanza por crisis económica. Con las próximas elecciones en la región sabremos si América Latina seguirá en esa misma dirección o el país andino representa un cambio aislado.

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