El “efecto péndulo” y la democracia en América Latina
Escrito por Patricia Lozano SanabriaComo hemos visto, 2026 llegó con profundos cambios y desafíos a nivel regional. En este contexto, cobra relevancia la celebración de comicios en América Latina. A lo largo de este año, varios países, destacadamente Costa Rica, Perú y Colombia, acuden a las urnas para elegir a sus representantes de gobierno. Nadie ignora que la democracia en Latinoamérica enfrenta un escenario complejo: bajo crecimiento económico, descontento social y un pluralismo político cada vez más débil.
Los comicios en Costa Rica inauguran este periodo electoral. Este 1° de febrero, la sociedad acudió a votar a su futuro presidente, dos vicepresidentes y 57 diputados de su Asamblea Legislativa. De ser necesario, se llevará a cabo una segunda ronda de votaciones el 5 de abril. Por su parte, Colombia elegirá a sus próximos presidente y vicepresidente, así como a 103 escaños del Senado y 183 de la Cámara de Representantes. La cita para las votaciones legislativas está programada para el 8 de marzo, mientras que las elecciones presidenciales serán el 31 de mayo, con la posibilidad de una segunda vuelta el 21 de julio.
Perú representa un caso muy particular. El país andino ha tenido al menos siete presidentes en los últimos 10 años debido a la profunda inestabilidad política. Con la esperanza de hallar mejores condiciones políticas, este año elegirán a su siguiente mandatario, así como a dos Vicepresidencias, 130 miembros de la Cámara de Diputados y representantes del Parlamento Andino. No menos destacado es que, por primera vez desde 1992, cuando el país abandonó el sistema bicameral, el pueblo peruano votará para integrar a su Senado, conformado por 60 representantes.
En los últimos años las condiciones en los países latinoamericanos y el creciente descontento de sectores representativos han generado una alternancia o “efecto péndulo” en el poder. Esto ya lo vimos en Bolivia, Argentina, Chile y, más recientemente, Honduras. Dichos países han transitado de gobiernos de izquierda a opciones abiertamente más conservadoras. En Centroamérica podría suceder algo similar, pues la ciudadanía ha dejado ver indecisión a falta de una alternativa fuerte de oposición. Por ello, destaca la fuerza del oficialismo en funciones y su influencia en la campaña de Laura Fernández, cercana a las posturas del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, y aspirante de derecha a la Presidencia de Costa Rica.
Pero los movimientos de derecha también han encontrado tierra fértil en el cono sur. Aunque Perú tiene más de una decena de candidaturas, destacan dos contendientes fuertes para la titularidad del Ejecutivo. Por una parte, Keiko Fujimori, congresista de derecha e hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) y, por otra parte, Rafael López Aliaga, fuerte seguidor de la administración Trump, con propuestas de mano dura en materia de seguridad. En el vecino país, la agenda de la izquierda colombiana se ha visto contaminada por un plan nacional de paz debilitado y múltiples desencuentros del presidente Gustavo Petro con Donald Trump. Ello abre la puerta a que opciones de centroderecha también capitalicen el descontento social.
Dentro de esta coyuntura, se instala la posibilidad de que la influencia trumpista juegue un papel de condicionamiento o intervención indirecta en los procesos electorales en una región que su gobierno ha llamado, abiertamente, “su hemisferio”. ¿Podrá América Latina, su ciudadanía e instituciones, mantener la estabilidad democrática y definir de manera autónoma y soberana su rumbo político al margen de los intereses estratégicos de Washington?
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