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Sábado, 15 Octubre 2022 06:18

17 de octubre: recordatorio de los logros de las mujeres

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Todavía en la actualidad, seguimos escuchando expresiones que hacen parecer que los derechos fueron concedidos a las mujeres por una fuerza ajena y superior a ellas. Al celebrar el aniversario del derecho de las mujeres al voto, ha de ponerse en el centro de tan importante conversación, que fueron las redes de mujeres organizadas quienes lograron que este derecho -que desde nuestra perspectiva les es connatural- les fuera reconocido.

 

Es forzoso notar que más que un otorgamiento o un privilegio, la conquista formal del derecho de las mujeres a votar es un ejemplo del pago de una deuda atrasada, fundada en una justa exigencia, que permitió su urgente participación en la vida pública.

 

Los movimientos sufragistas vieron transformadas sus características en función de la latitud en la que se desarrollaron y a través del tiempo. En algunos, fue necesario contar con una lideresa o un grupo con capital económico, político y cultural vasto para atravesar las unificadas filas y la reacia indiferencia del poder; en otros, ejercer el uso legítimo de la desobediencia civil fue, más que una elección, una necesidad; en los más recientes, se derribaron barreras que la cultura y el género como invención social alzaron hasta alturas que parecían imposibles de escalar.

 

Sin embargo, la constante es que las mujeres aportaban activamente a la economía familiar y colectiva, practicaban el liderazgo, administraban recursos, dirigían colectividades; y en contraste, eran relegadas a las tareas domésticas y de cuidado, valorándose en ellas, la obediencia, la abnegación y la dependencia. O en el mejor de los casos, además de las obligaciones del hogar, tenían condiciones laborales, no sólo desiguales respecto a sus pares hombres por desempeñar el mismo trabajo, sino propias de la esclavitud.

 

En previas oportunidades hemos destacado que los avances en la participación política de las mujeres traen aparejado un obstáculo nuevo que superar. Las mujeres comenzaron a votar, pero aún no ocupaban los espacios de toma de decisiones. Haciendo esta crítica, se apeló a la voluntad popular. Después, con la evolución de las cuotas de género, llegaron las simulaciones de representatividad. Cuando la paridad se hizo norma, la violencia política contra las mujeres en razón de género se materializó en más de una forma.

 

Se ha teorizado bastante respecto a los obstáculos que enfrentan las mujeres en política y se han creado las analogías de los techos de cristal, cemento y financiero que tan popularmente se han divulgado. No obstante, más allá del conocimiento científico o formal, reconocemos, en el amplio catálogo que hace la ley sobre las conductas que constituyen la violencia política contra las mujeres en razón de género, las situaciones con las que han lidiado las mexicanas, y más específicamente las mexiquenses, cuando de tener presencia en el ámbito público se trata.

 

Ante el reto de que a cada previsión legal que busca asegurar el ejercicio efectivo de los derechos electorales de las mujeres corresponde una nueva práctica para esquivarla, es preciso recordar, por una parte, cómo las verdaderas protagonistas de esta historia son las mujeres que lucharon contra toda convención que les disminuyera en valía política y por otra, dimensionar lo que los movimientos de mujeres unidas pueden alcanzar.

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