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Viernes, 19 Diciembre 2025 09:00

Alternancia sin pánico: lecciones democráticas

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América Latina atraviesa un momento de reconfiguración política en el que avanzan ideologías que no siempre tienen una inscripción clara con este sistema

 

Chile vuelve a ocupar un lugar central en la conversación pública. Lo que hace unas semanas se discutía como escenario abierto entre dos agendas políticas opuestas, se resolvió con una victoria holgada para José Antonio Kast, identificado con una derecha dura.

 

El triunfo de la oposición puede explicarse por temas sustantivos. Hay una percepción de problemas de inseguridad acentuados y creciente inestabilidad económica en el país del Cono Sur. 

 

Pero el giro político va más allá. Daniel Zovatto lo ha calificado como “péndulo radical”, haciendo alusión a la brecha que separa al historial comunista de la candidata perdedora, respecto de los postulados de ultraderecha que ha abrazado el presidente electo.

 

Lo cierto es que, desde 2006, Chile ha transitado por un patrón consistente de cambios ideológicos en la presidencia. Este historial es ideal para tratar de responder una pregunta central: ¿cómo se procesan democráticamente las alternancias?

 

En el caso chileno, la posibilidad de cambio no es una anomalía, sino una característica inherente a su dinámica electoral. El relevo presidencial es el resultado de las elecciones como un mecanismo de rendición de cuentas, en donde el electorado puede evaluar los gobiernos y en su caso canalizar el descontento.

 

Pero el desenlace de los comicios de 2025 también puso en primer plano tensiones que no pueden ser ignoradas. Kast es el primer presidente electo desde la democratización que no ha ocultado ni su admiración por Pinochet ni sus posturas conservadoras estrictas. Y, aunque algunas personas apuntan a una moderación reciente en su discurso, el hecho es que estamos frente a una ciudadanía que prefiere propuestas drásticas y respuestas inmediatas a problemas percibidos como urgentes, incluso cuando eso implique convivir con símbolos y trayectorias sensibles para su pasado colectivo.

 

Sin embargo, más allá del perfil ideológico del ganador, es imperativo amplificar las actitudes y valores democráticos de la clase política chilena. Cuando Boric ganó la elección presidencial en 2021, el candidato derrotado —José Antonio Kast— salió a medios a reconocer el resultado y ofrecer su respaldo al proyecto ganador. Cuatro años después, fue refrescante ver al actual presidente replicar el gesto y respaldar el triunfo democrático de quien fuera su opositor. Este intercambio revela una cultura política en la que el reconocimiento de la voluntad popular es la norma, incluso en un escenario de polarización creciente.

 

América Latina atraviesa un momento de reconfiguración política en el que avanzan proyectos de diversas ideologías que no siempre tienen una inscripción clara con el sistema democrático. En ese entorno, el riesgo no reside en la alternancia, sino en la eventual erosión de contrapesos.

 

Por eso es importante destacar el sendero por el que avanza el sistema político chileno. Ha procesado sus cambios dentro de cauces institucionales reconocidos y aceptados. No hubo desconocimiento del resultado ni crisis institucional. Por el contrario, el proceso fue validado por los principales actores y aceptado como legítimo.

 

Más que un caso excepcional, la elección chilena ofrece una oportunidad para observar cómo operan hoy las democracias sometidas a ciclos rápidos de cambio, electorados volátiles y agendas públicas con nuevas prioridades. El resultado electoral no elimina las tensiones existentes, pero sí confirma que los mecanismos institucionales todavía son el canal principal para procesarlas. Frente a estas dinámicas, los países latinoamericanos debemos recordar que, en democracia, la alternancia es siempre una carta abierta y, probablemente, la manifestación de funcionamiento democrático por excelencia.

 

 

POR AMALIA PULIDO

PRESIDENTA DEL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE MÉXICO

@PULIDO_AMALIA

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