Comunicación
Social

Martes, 20 Enero 2026 06:00

Comunicar para todas y todos

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Uno de los grandes retos de comunicar temas electorales hoy no es la falta de información, sino cómo lograr que eso que queremos decir sea comprensible para todas las personas.

 

Durante mucho tiempo, la comunicación institucional en materia electoral se ha construido desde un lenguaje pensado para quienes ya conocen los procesos, las reglas y los términos; incluso, para personas conocedoras del derecho electoral, una materia muy especializada. Sin embargo, la ciudadanía es diversa y no todas las personas parten del mismo nivel de información ni del mismo interés.

 

Hablar de elecciones no es dirigirse a un solo público. Cuando decimos “la ciudadanía”, hablamos de muchas realidades distintas: personas que votan desde hace años y quienes lo harán por primera vez; quienes siguen la información todos los días y quienes solo se acercan a ella en momentos clave; personas con acceso constante a medios digitales y otras que se informan principalmente por vías comunitarias o tradicionales. Este escenario plantea un desafío fundamental: cómo construir mensajes que puedan ser entendidos por todas y todos.

 

Aquí es donde el lenguaje ciudadano cobra especial importancia. Utilizarlo no significa abandonar la seriedad institucional, ni dejar de lado la precisión. Significa comunicar pensando en las personas, no en la ley o en los documentos técnicos. Significa elegir palabras claras, frases directas y explicaciones que ayuden a comprender, no que compliquen. Es un lenguaje que busca acercar, no marcar distancia.

 

Uno de los principales obstáculos para lograrlo es el uso constante de palabras y expresiones que, aunque son habituales dentro de las instituciones, no siempre resultan claras fuera de ellas. Cuando los mensajes están llenos de términos largos, fórmulas rígidas o explicaciones difíciles de entender, la información se vuelve pesada y lejana. En esos casos, muchas personas dejan de prestar atención, no porque el tema no les interese, sino porque no logran entenderlo con facilidad.

 

El lenguaje ciudadano parte de una idea sencilla: todas las personas tienen derecho a entender cómo funcionan las elecciones. No se trata de decir menos, sino de decirlo mejor. Explicar con claridad, dar contexto y usar ejemplos cuando sea necesario no debilita el mensaje; al contrario, lo fortalece. Un mensaje claro genera mayor cercanía y favorece la confianza.

 

Cuando la comunicación electoral se queda solo en un lenguaje especializado, corre el riesgo de hablar siempre a los mismos públicos. Esto amplía la distancia entre la institución y la ciudadanía. Lo que no se entiende suele generar dudas, y las dudas pueden convertirse en desconfianza. Por eso, adoptar un lenguaje ciudadano no es solo una decisión de estilo, sino una responsabilidad institucional.

 

En un contexto donde la información circula rápidamente y la atención es limitada, el lenguaje ciudadano se vuelve una herramienta fundamental. No solo permite informar sobre fechas o procedimientos, sino que ayuda a que las personas se sientan incluidas y tomadas en cuenta. Hablar claro es una forma de acercar la democracia a la vida cotidiana.

 

Comunicar elecciones no es hablar solo para expertos. Es hablar para todas las personas que participan, opinan y deciden. Y en ese esfuerzo, el lenguaje ciudadano no es un recurso opcional, sino una pieza clave para construir una comunicación electoral más cercana, más clara y compartida.

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