Acción global por la Diversidad en la democracia
En el ámbito internacional, desde el 2005, cada 17 de mayo se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (IDAHOBIT por sus siglas en inglés). Esta fecha nos recuerda las luchas que han emprendido diversas personas para que su orientación sexual y su identidad de género no sean un impedimento para el acceso y el ejercicio de sus derechos humanos en condiciones de igualdad. El origen de esta conmemoración atiende a que la Organización Mundial de la Salud dejó de clasificar la homosexualidad como enfermedad mental el 17 de mayo de 1990.
No obstante, los datos siguen siendo alarmantes; actualmente, de acuerdo con ILGA Mundo (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex), 65 Estados miembros (de un total de 193) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tienen leyes que criminalizan los actos sexuales consensuados entre personas del mismo sexo, mientras que solo 63 cuentan con leyes que protegen a las personas contra delitos de odio por motivos de orientación sexual.[1]
El llamado a la acción global para la conmemoración de este año fue con el lema “En el corazón de la democracia”. Desde las autoridades electorales administrativas, la frase cobra particular relevancia puesto que cuando hablamos de democracia paritaria, sustantiva e incluyente implica sumar todos los esfuerzos hasta que nuestras diferencias no se conviertan en desigualdades; por lo tanto, el acceso y el ejercicio de los derechos político-electorales deben ser en condiciones de igualdad para todas las personas. Este es el compromiso permanente desde el IEEM con las personas LGBTTTIQ+.
En este contexto, de cara al Proceso Electoral de 2027, resulta pertinente recordar las recomendaciones del estudio Voto por la Igualdad. Informe post-electoral de las candidaturas LGBTTTIQ+ en México 2024, elaborado por Yaaj México y el LGBTQ+ Victory Institute[2] a partir del Proceso Electoral Federal 2023-2024. De manera general, para las autoridades electorales recomendaron: máxima publicidad de candidaturas que contiendan por un cargo de elección popular por acción afirmativa; reforzar las medidas de obligatoriedad para contar con la captura de 100 % de la información de los cuestionarios de datos profesionales y de identidad; ofrecer información desagregada y accesible de las candidaturas postuladas por acción afirmativa; intensificar esfuerzos para combatir la discriminación, la violencia y la incitación al odio contra las personas LGBTTTIQ+ (candidatas o votantes); y establecer mecanismos de monitoreo y evaluación de la implementación de protocolos que garanticen el ejercicio del voto de las personas LGBTTTIQ+ en todas las elecciones (Fuentes y Aguilar, 2024: 79-80).
Para el caso de los partidos políticos y coaliciones, las recomendaciones fueron: fortalecer las candidaturas LGBTTTIQ+ con recursos económicos, técnicos y humanos para poder contender en futuras elecciones con posibilidades de ganar; publicación accesible y transparente de mecanismos internos de los partidos para la selección de sus candidaturas por acción afirmativa; exigir a las candidaturas que presenten al menos una propuesta de trabajo para el grupo de acción afirmativa por el que buscan contender; capacitaciones continuas antes, durante y después de los procesos electorales para la garantía de derechos político-electorales de las personas LGBTTTIQ+ (Fuentes y Aguilar, 2024: 80-81).
Vale la pena mencionar que el estudio también incluye recomendaciones para Asociaciones de la Sociedad Civil, así como futuras líneas de investigación. Para concluir, solo me resta decir que esta fecha y estas recomendaciones nos inviten a reflexionar, sensibilizar, sumarnos a la acción colectiva y reafirmar cada día, en cada espacio, nuestro compromiso con la dignidad, la igualdad, la libertad, la no discriminación y el respeto para todas las personas LGBTTTIQ+.
[1] IDAHOBIT. 17 de mayo: Día Mundial celebra la diversidad en el corazón de la democracia, 17 de mayo de 2026. Recuperado de https://ilga.org/es/news/idahobit-celebrando-diversidad-corazon-democracia/
[2] Miguel A. Fuentes Carreño y Bernardo Alonso Aguilar López, “Voto por la Igualdad. Informe post-electoral de las candidaturas LGBTTTI+ en México 2024”. CDMX, Yaaj México–LGBT Victory Institute, 15 de octubre de 2024. Recuperado de https://votoporlaigualdadmexico.org/materiales/
Resignificar, reconocer y respetar las maternidades
En nuestro país, la celebración del 10 de mayo surgió en 1922 como una respuesta conservadora para contrarrestar las demandas sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, que proliferaron a partir del Primer Congreso Feminista de 1916 celebrado en Yucatán. El Monumento a la Madre (ubicado en Ciudad México y cuya construcción inició en 1944) fue la segunda parte de este cometido al pregonar una concepción de maternidad que se pretendía imponer: una mujer al centro con un niño en brazos; otra con una mazorca; un hombre escribiendo y la placa que dice “A la que nos amó antes de nacer”. Posteriormente, fueron también los movimientos feministas quienes intervinieron al monumento colocando una placa adicional con la leyenda “Porque su maternidad fue voluntaria”.
Sin duda, con el tiempo, estos hechos han resignificado el origen del 10 de mayo, por ello este texto está pensado en quienes en algún momento de su vida: les cuestionaron ser “buenas madres” cuando dejaron a su bebé en la guardería para poder contribuir al sustento familiar; criaron y cuidaron solas; les hicieron sentir culpa por prejuicios sociales; tuvieron que esconderse para amamantar; decidieron ser madres adoptivas; no pudieron acudir a los festivales escolares; tuvieron miedo de pedir permiso para la atención médica de sus hijas e hijos enfermos por el temor de perder su trabajo; entregaron por obligación una prueba de embarazo y les condicionaron el trabajo si planeaban embarazarse; y, de manera especial, a quienes definieron su maternidad a partir del calendario electoral. Hoy sus experiencias de vida son constitutivas de derechos laborales, del cuidado compartido con una noción distinta (desde el nacimiento de las hijas e hijos) y del impulso de políticas de igualdad de género y no discriminación desde las instituciones y el Estado.
En el caso concreto del IEEM, vale la pena mirar algunos aspectos que paulatinamente han cambiado; por un lado, está la sala de lactancia inaugurada en 2015; y, por el otro, la ludoteca para uso de las hijas e hijos del funcionariado del Instituto. En esta última, el personal del Centro de Formación y Documentación Electoral (CFDE) prepara diversas actividades los viernes de Consejo Técnico, de modo que han propiciado la visita constante de las infancias. Así mismo, nuestro Reglamento Interno, expedido el 7 de mayo de 2025, contempla licencias para: maternidad y paternidad (ambas con posibilidad de ampliación en caso de parto múltiple) y adopción; para cuidados parentales; para lactancia; por causa de enfermedad o accidente grave de alguna hija o hijo; por paternidad para cuidado y atenciones médicas, entre otras. Estos ejemplos dan cuenta del compromiso por hacer posible la conciliación de la vida familiar y laboral desde nuestro Instituto.
Sirvan estas líneas para reflexionar sobre la maternidad como una elección libre y no como un destino; que aprendamos a respetar las diversas posibilidades de ser madre; a insistir en el diseño de políticas públicas largoplacistas eficaces y eficientes para atender el cuidado de las infancias; y, por supuesto, a seguir trabajando desde el gobierno y al interior de las instituciones para comprender que ser madre trabajadora no implica señalamientos ni represalias. Que el próximo domingo sea un día de festejo, celebración y gratitud a quienes desde su hogar, desde sus trabajos, desde sus aulas, desde su activismo y desde las calles han resignificado el Día de las Madres en México.
Distribuir equitativamente el trabajo doméstico y de cuidados para hacer realidad la paridad sustantiva
En fechas recientes, en el Instituto Electoral del Estado de México reflexionamos sobre cómo la distribución del tiempo en los cuidados tiene un impacto en los desafíos que aún enfrenta la consolidación de la democracia paritaria y sustantiva en México. Parafraseando a la teórica feminista Silvia Federici, el trabajo doméstico no remunerado es la base invisible que sostiene tanto el sistema económico como el sistema político.
En este contexto, durante la conferencia magistral “Estadísticas de Género” que impartió Graciela Márquez Colín el pasado 23 de marzo se señaló que, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, en México, las mujeres dedicamos en promedio 37.7 horas semanales al trabajo no remunerado; es decir: el tiempo invertido en el desarrollo de tareas en el hogar o de cuidados, mientras que los hombres destinan 16.8 horas en el mismo lapso.
En el mismo orden de ideas, posteriormente, el 21 de abril, Lourdes Jiménez Brito analizó algunos de estos datos durante la conferencia “Del Reconocimiento del Derecho al Cuidado a la Acción Institucional“. En esta se reflexionó sobre tres dimensiones del cuidado: como una necesidad humana, un trabajo y un derecho fundamental. Así mismo, advirtió que para alcanzar la igualdad sustantiva es necesario dejar de asumir que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados es exclusivo de las mujeres; por ello, es necesario que desde la infancia aprendamos que estas actividades deben distribuirse de manera equitativa para evitar replicar estereotipos de género. Estos últimos, como advierte Virginia García Beaudoux, tienen “consecuencias reales y tangibles que dan lugar a prejuicios y acciones efectivas de discriminación y violencia psicológica, física o simbólica contra las mujeres”.
El denominado “piso pegajoso” que, de acuerdo con García Beaudoux, es una barrera cultural que concibe el espacio privado como el espacio natural de las mujeres y las “pega” o adhiere a las tareas de cuidado tradicionales, obstaculiza su desarrollo manteniéndolas en la base de la pirámide económica al requerirles equilibrar el trabajo doméstico y el público. Al respecto, con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2025, sólo 45 de cada 100 mujeres estaban en el mercado laboral remunerado.
Los datos son alarmantes y se requiere seguir hablando de brechas de género, cuantificar y analizar cualitativamente desde una mirada interseccional para tomar decisiones en favor de la igualdad desde el ámbito gubernamental e institucional. Por ello, a manera de invitación, es importante preguntarnos desde nuestra individualidad ¿quién cuida a quién en nuestro entorno familiar?, incluso, cuestionarnos si asumimos el autocuidado como un elemento esencial antes de cuidar a otras personas. Que estas reflexiones, conversaciones y cambios desde nuestros ámbitos cotidianos nos permitan reorganizar el mundo de forma paritaria.
La arquitectura de la democracia mexiquense: 30 años del IEEM
Un edificio puede estar hecho de concreto, acero o cristal, pero lo que realmente lo mantiene firme son sus cimientos. Sin una base sólida, todo lo demás colapsa. En el caso de la democracia, al igual que en los edificios, se construye con principios sólidos para mantenerse en pie. En el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), esos cimientos son siete: certeza, imparcialidad, independencia, legalidad, máxima publicidad, objetividad y paridad.
A partir de esta analogía, cuando observamos el edificio del IEEM ubicado en Paseo Tollocan 944, vemos que no se trata únicamente de una construcción con cristales. Su diseño no fue casual, buscó representar un espacio que evidenciara cómo debe funcionar una institución democrática: transparente, abierta, accesible y confiable. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Jorge Eduardo Valdés Garcés y la dirección de obra, del ingeniero Juan Manuel Oseguera Higareda. Comenzó a construirse en abril de 2002 y se inauguró el 10 de diciembre de ese mismo año.
Pero más allá de su contexto, hay algo importante en la manera en que está organizado. Alrededor del patio central, se distribuyen diversas oficinas que albergan las direcciones, consejerías, Presidencia y Secretaría Ejecutiva. Esto no es solo un detalle arquitectónico, simboliza también que la toma de decisiones en el Instituto no depende de una sola persona, sino de muchas áreas que trabajan juntas alrededor de un mismo objetivo, garantizar elecciones confiables y proteger los derechos político-electorales de la ciudadanía.
Uno de los espacios más importantes del edificio es la Sala del Consejo General. Ahí se discuten acuerdos, se aprueban lineamientos y se toman decisiones que impactan directamente en el acceso y ejercicio de los derechos político-electorales de millones de personas. Se ubica debajo del patio central y se ingresa por una estructura de acero y cristal que asemeja una urna. Desde arriba puede verse una cúpula con la silueta del Estado de México que nos recuerda la labor y la responsabilidad en la vida pública del Estado, así como en la vida diaria de cada mexiquense.
El edificio también está pensado para que cualquier persona pueda recorrerlo y usarlo. Las rampas, pasillos y accesos permiten que las personas con discapacidad motriz puedan moverse por todos los espacios. Eso no sólo habla de arquitectura, sino que refleja la idea de democracia donde nadie debe quedarse fuera.
Sin embargo, lo que realmente le da vida, son las personas que trabajan dentro de él. En el IEEM todas las áreas tienen un papel fundamental, por mencionar algunos ejemplos: cuidar el diseño y la producción de las boletas y material electoral; fomentar la participación ciudadana desde la cultura cívica así como con programas académicos y editoriales; vigilar el cumplimiento de la ley; atender aspectos inherentes a los partidos políticos; garantizar la transparencia y el acceso a la información; comunicar de manera clara, sencilla e incluyente; diseñar sistemas informáticos con altos estándares de calidad; impulsar la igualdad de género y actuar para erradicar la discriminación y la violencia política contra las mujeres en razón de género, entre muchas otras. Cada oficina, cada área y cada persona forman parte de una estructura mucho más grande que posibilita el funcionamiento de la democracia mexiquense todos los días y no exclusivamente durante proceso electoral.
A 30 años de la creación del IEEM, el edificio de Tollocan 944 guarda en su memoria las experiencias, el trabajo y la convicción de todas las personas que han sido parte de él y que, en conjunto, forman las piezas de una construcción más amplia: la de la democracia mexiquense. Somos una institución que ha crecido, que ha cambiado y que ha enfrentado nuevos retos, pero que seguirá sosteniéndose sobre los mismos principios con los que fue creada. Porque así como un edificio necesita buenos cimientos para mantenerse firme, la democracia necesita instituciones sólidas y personas comprometidas para seguir construyéndose todos los días.
Aprender a construir alianzas sororales
Este día concluye marzo y, con ello, un mes de intensa actividad en el marco del 8M. No obstante, año con año reiteramos que la razón de ser de esta fecha debe quedarse diariamente para traducirse en acciones concretas durante todo el año. Por ello, quiero cerrar este mes retomando algunos de los planteamientos que Cecilia Lavalle compartió durante el curso “Alianzas entre mujeres”, impartido el pasado 13 de marzo en el Instituto Electoral del Estado de México. Este espacio nos permitió reflexionar sobre un tema central para la vida democrática: la importancia de que las mujeres construyan acuerdos, colaboraciones y redes en los espacios donde se toman decisiones. Más allá de ver estas alianzas como relaciones personales, el curso mostró que pueden convertirse en herramientas concretas para fortalecer el ejercicio de nuestros derechos humanos.
Durante la sesión explicó que, históricamente, diversos factores culturales han dificultado la construcción de acuerdos entre mujeres en el ámbito público. Por eso, destacó la importancia de reconocer estas dinámicas y dar paso a formas de participación enfocadas en objetivos comunes, el respeto a las diferencias y el diálogo. Dicho esto, uno de los principales puntos fue comprender que las alianzas entre mujeres no implican pensar igual en todo, sino identificar coincidencias que permitan impulsar agendas concretas. Esto, con el propósito de cuidar los derechos conquistados hasta ahora e identificar causas superiores que permitan reconocernos como un “nosotras”.
Hacer posible la “sororidad”, término acuñado por Marcela Lagarde, implica cuestionarnos, romper con aprendizajes que perpetúan la violencia entre nosotras e identificar algunos aspectos esenciales de este concepto: es un pacto político entre mujeres que requiere reconocernos como “interlocutoras equivalentes” para propiciar mejores condiciones de vida y mejores posiciones políticas para las mujeres. Para forjar alianzas sororales, Cecilia Lavalle nos brindó cinco claves: a) el pacto, implica contar una agenda posible y común que incluya objetivos, tiempo y reglas; b) no es necesario el afecto, pero es imprescindible el respeto; c) aprender a disentir sin descalificar, humillar o dañar; d) reconocer la autoridad de otras mujeres, del pasado y del presente, así como la propia; y e) dirimir el conflicto sin destruirnos.
En el ámbito electoral, las alianzas se traducen en la posibilidad de fortalecer la participación de las mujeres, acompañar sus trayectorias y generar condiciones más equitativas para el acceso y el ejercicio de cargos públicos. Así como ocurrió con las sufragistas, cuya lucha permitió que las generaciones subsecuentes pudiéramos votar, y así como lo han hecho otras que han impulsado cambios en la ley para exigir el reconocimiento y el ejercicio de otros derechos humanos, entre ellos, el acceso a una vida libre de violencia. Volvamos a esta charla cada vez que sea necesario construir alianzas entre mujeres: sólo así ha sido, y seguirá siendo posible, mejorar la vida de todas nosotras.
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