UNA VEZ MÁS, LA PRIMERA DE MUCHAS
Escrito por Flor Angeli Vieyra VázquezHay historias que marcan un antes y un después en la historia de la humanidad porque abren camino hacia el futuro como la de Katia Itzel García Mendoza al ser la primera árbitra central mexicana en participar en copas mundiales de futbol varonil; su trabajo no se queda únicamente en una designación deportiva: nos recuerda que es posible cambiar los referentes simbólicos y abrir brecha para muchas más.
Su historia nos invita a reconocer su esfuerzo y a mirar aquello que todavía falta, porque cuando una mujer llega a un espacio que parecía exclusivo para los hombres, no solo enfrenta la exigencia propia de su labor, sino también el juicio, la duda y la resistencia de quienes todavía cuestionan su presencia a partir de los estereotipos de género. Como Katia Itzel lo ha expresado desde su propia experiencia en el arbitraje: “Nos cuesta el doble que nos tomen en serio y la mitad que nos cuestionen”.
Esta frase resume una realidad que no se limita al deporte: nos dice una verdad que atraviesa muchos espacios de la vida diaria. La igualdad se construye cuando las mujeres podemos participar, decidir, permanecer y ser reconocidas. Sólo así podremos avanzar hacia la construcción de una democracia paritaria que se fortalece cuando las mujeres pueden acceder y ejercer el poder político en condiciones de igualdad y libres de violencia política en razón de género.
Por eso, hablar de Katia Itzel no es hablar únicamente del Mundial, es destacar su disciplina, preparación, resiliencia y la posibilidad avanzar hacia una sociedad donde las mujeres podemos y debemos estar en todos los espacios: en el deporte, en la política, en las instituciones, en la academia, en la ciencia, en la cultura y en todos y en cada uno de los ámbitos o escenarios donde se toman decisiones y se construyen comunidades.
En ese mismo sentido, este Mundial nos ha dejado una reflexión importante: por algunos días, la emoción colectiva por México nos hizo creer que algo difícil podía suceder. Ese “¿Y si sí?” que acompañó a millones de personas no tendría que quedarse únicamente en una cancha ni terminar con un marcador: puede convertirse en una pregunta para mirar los pendientes que todavía tenemos y que como sociedad (así, en equipo) nos toca resolver.
¿Y si sí podemos construir espacios más justos y libres de violencia para las mujeres? ¿Y si sí dejamos de ver como extraordinario que una mujer llegue a donde nunca se le debió negar su acceso? ¿Y si sí pasamos de celebrar a “la primera” a garantizar e impulsar a muchas más? Abrir camino no es solo alcanzar una meta personal: Es allanar el camino, abrir la puerta y dejarla abierta a las siguientes generaciones para que no tengan que empezar desde cero y, también, es mostrar que aquello que parecía imposible puede volverse un referente e inspiración para muchas otras mujeres.
Una vez más, la primera de muchas. ¡Gracias Katia Itzel!, porque como lo refieres en tus redes sociales: “Por ellas, por nosotras, por todas”.
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