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Martes, 01 Septiembre 2026 06:00

¿Logrará la “marea azul” latinoamericana llegar a Brasil?

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2026 ha sido un año con gran concurrencia de procesos electorales en América Latina. En ellos se han observado reiteradamente escenarios de polarización, triunfos pírricos y un ascenso de proyectos ultraconservadores. En conjunto, esto ha conformado un fenómeno considerable que incluso ha sido popularizado como “marea azul”: la crecida de gobiernos de derecha conservadora en los diversos países de la región. Ahora toca el turno al país más grande de la región. En pocas semanas, Brasil se volcará a las urnas para elegir a su próximo presidente y vicepresidente, a dos tercios del Senado, a la totalidad de la Cámara de Diputados, a 27 gobernadores y a las asambleas estaduales.

 

En la contienda presidencial hay al menos 13 candidatos. Sin embargo, el electorado brasileño vive una especie de déjà vu con una disputa entre dos actores políticos centrales aspirando a la Presidencia. Por un lado, Luis Inácio Lula da Silva, quien está buscando su cuarto mandato con el Partido de los Trabajadores; y, por otra parte, el senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien fuera sentenciado en 2025 por intento de golpe de Estado. La jornada electoral está programada para el 4 de octubre y, si ninguno de los candidatos obtiene más del 50% de los votos, se celebrará un balotaje o segunda vuelta electoral el 25 de octubre.

 

En este contexto, Flávio Bolsonaro ha centrado sus promesas de campaña en temas de seguridad con propuestas como la creación de cinco nuevas cárceles de máxima seguridad (al estilo Bukele en El Salvador), la reducción de la edad penal a 16 años y la clasificación de grupos del narcotráfico como “organizaciones terroristas”, iniciativa fuertemente alineada con el gobierno de Estados Unidos. Desde su trinchera, Lula parece haber comprendido que la estrategia más eficaz es la cohesión con las fuerzas políticas, ya que en días recientes ha comenzado a cerrar filas con líderes del Congreso que pertenecen al llamado Centrão, el bloque parlamentario de centro que goza de gran influencia, lo que aseguró un avance exitoso de un paquete de proyectos prioritarios para su gobierno.

 

Lo anterior podría ser el elemento decisivo en una carrera cerrada. Y es que, recientemente, el Instituto Datafolha, uno de los centros de investigación más reputados en opinión electoral en el país amazónico, hizo públicos sus resultados de encuestas sobre intención de voto. En éstas, Lula sumaría un 39%, frente a un 33% de Bolsonaro. Pero en el escenario de una segunda vuelta electoral, el candidato del Partido de los Trabajadores registra un respaldo del 47%, ventaja ajustada frente al 43% de los votantes que manifiestan su apoyo por Flávio Bolsonaro.

 

En definitiva, Brasil afrontará un proceso electoral de una relevancia mayúscula, no sólo porque las métricas adelantan un resultado cerrado, sino porque, al ser el país con mayor peso económico y relevancia estratégica de la región, los ojos del mundo se encuentran atentos a la jornada electoral y la administración que resulte. Sin duda, esta coyuntura es clave para que la ciudadanía brasileña decida si desea mantener políticas de corte progresista y una posición independiente y con proyección propia en el escenario internacional o si optan por un rumbo más alineado a gobiernos conservadores. Ante esto, cabe plantearse la pregunta: ¿podrán los vientos progresistas disipar los nubarrones ultraderechistas de territorio brasileño? La respuesta está en las urnas.

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