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Viernes, 17 Julio 2026 09:00

La integridad de la información: un nuevo pilar de la democracia en la era de la inteligencia artificial

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Durante décadas, la defensa de la democracia se concentró en garantizar elecciones libres, sufragio universal y pluralismo político. Hoy, esos principios enfrentan un desafío inédito. La revolución tecnológica democratizó el acceso a la información como nunca antes en la historia, permitiendo que cualquier ciudadano comunique ideas a millones de personas en cuestión de segundos. Pero esa misma capacidad ha facilitado la propagación masiva de la desinformación, ahora potenciada por algoritmos e inteligencia artificial (IA), que amenaza la integridad del contexto informativo sobre el que descansa toda sociedad democrática.

 

La UNESCO ha advertido que el concepto tradicional de fake news resulta insuficiente para explicar la complejidad del problema. Por ello propone abandonar esa expresión y sustituirla por una clasificación mucho más precisa: información errónea, desinformación e información maliciosa. La diferencia no es menor. La primera surge cuando alguien comparte información falsa creyendo que es verdadera; la segunda implica la difusión deliberada de mentiras para manipular; mientras que la tercera utiliza hechos reales fuera de contexto con el propósito de causar daño.

 

Esta distinción permite comprender que el verdadero problema no es únicamente la falsedad del contenido, sino la existencia de estrategias sistemáticas orientadas a modificar el comportamiento de las personas mediante emociones como el miedo, la indignación o la polarización.

 

En materia electoral, el riesgo adquiere dimensiones particularmente sensibles. Como ha señalado IDEA Internacional, las campañas de desinformación buscan deteriorar la confianza ciudadana en las instituciones, cuestionar anticipadamente la legitimidad de los resultados y profundizar la polarización política. El objetivo muchas veces no consiste en convencer al electorado de una mentira específica, sino en generar incertidumbre suficiente para que nadie confíe plenamente en ninguna fuente de información.

 

La aparición de la IA generativa ha elevado exponencialmente ese riesgo. Los llamados deepfakes permiten fabricar videos, audios e imágenes prácticamente indistinguibles de los auténticos. Hoy resulta técnicamente posible atribuir declaraciones inexistentes a candidatos, crear fotografías de hechos que nunca ocurrieron o reproducir la voz de cualquier persona con un grado de realismo que hace apenas unos años parecía imposible.

 

Consciente de este escenario, la UNESCO, mediante su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, ha sostenido que el desarrollo tecnológico debe estar guiado por principios de transparencia, responsabilidad, protección de los derechos humanos y supervisión humana. La IA no puede convertirse en un instrumento para manipular la voluntad democrática ni para debilitar la confianza pública; por el contrario, debe colocarse al servicio del bienestar social y del fortalecimiento institucional.

 

En el mismo sentido, la Unión Europea ha construido uno de los modelos regulatorios más avanzados del mundo mediante el Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act) y la Ley Europea de Inteligencia Artificial publicada en 2023. Ambos instrumentos parten de una premisa esencial: las plataformas digitales deben asumir responsabilidades proporcionales al enorme impacto que ejercen sobre la circulación de información en las sociedades democráticas. Al mismo tiempo, advierten que cualquier regulación debe preservar un principio igualmente indispensable: la libertad de expresión.

 

La experiencia internacional demuestra que el combate a la desinformación no puede basarse únicamente en la censura de contenidos, pues una regulación excesiva puede utilizarse para restringir la libertad de expresión y silenciar voces críticas. Por ello, la UNESCO sostiene que la respuesta más eficaz es la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI), orientada a formar ciudadanos capaces de evaluar críticamente las fuentes de información, identificar contenidos manipulados y comprender el funcionamiento de los algoritmos.

 

Esta estrategia resulta especialmente relevante en los procesos electorales, donde la confianza pública constituye un elemento esencial para la legitimidad democrática. En un contexto como el mexicano, marcado por el uso intensivo de redes sociales y herramientas de IA, es indispensable fortalecer la verificación de información, la cooperación entre autoridades, medios, universidades y plataformas digitales, así como promover una cultura de responsabilidad digital.

 

La defensa de la democracia ya no depende únicamente de proteger las urnas, sino también de preservar la integridad del espacio informativo donde se forma la opinión pública. El verdadero desafío consiste en lograr que la IA fortalezca el conocimiento y la libertad, y no se convierta en un instrumento de manipulación y desinformación.

 

 

Sen. Cristina Ruiz Sandoval

Presidenta del CDE del PRI en el Estado de México.

 

 

Fuentes de consulta

IDEA Internacional (2021), The Global State of Democracy 2021, Building Resilience in a Pandemic, https://www.idea.int/gsod/sites/default/files/
2021-11/the-global-state-of-democracy-2021_1.pdf

UNESCO (2020), Periodismo, “Noticias Falsas” & Desinformación, Manual de Educación y Capacitación en Periodismo, https://unesdoc.unesco.org/
ark:/48223/pf0000373349

_____ (2021), Recomendación sobre la ética de la Inteligencia Artificial, https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000380455_spa

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