8M: del dolor a la esperanza
Escrito por Partido Revolucionario InstitucionalEl 8 de marzo no debería ser únicamente una fecha para recordar; debería ser un momento para reflexionar sobre la realidad que viven millones de mujeres. En el Estado de México, esta fecha no se percibe como una efeméride, sino como una realidad que duele. Muchas mujeres salen cada día de sus casas con una oración y regresan con miedo, conscientes de que la violencia sigue siendo una amenaza cotidiana.
La mexiquense de hoy es la mujer que madruga para trabajar, que se traslada en transporte público, que sostiene a su familia, que cuida, que produce y que contribuye al desarrollo de su comunidad. Es también la mujer que, a pesar de todo ello, tiene que aprender rutas, horarios y silencios para mantenerse a salvo. Y la mexiquense del mañana son las niñas que hoy sueñan en grande y que merecen crecer en un estado que las proteja, que las abrace y que les permita vivir sin miedo.
Esa aspiración es más que un ideal: debe convertirse en una obligación del Estado. En una entidad donde viven cerca de 8.7 millones de mujeres —prácticamente la mitad de la población— su bienestar y su seguridad no son un tema accesorio, sino una condición indispensable para el desarrollo social y económico del estado. Las mujeres no son una cuota ni una concesión; son el corazón de las comunidades y una fuerza imprescindible para construir un país más justo. Sin embargo, la realidad es contundente: el 78 % de las mujeres mayores de 15 años ha sufrido algún tipo de agresión, ya sea violencia física, acoso, humillación o discriminación.
Frente a estas cifras, el mayor riesgo es acostumbrarse al dolor. Cuando los números se vuelven cotidianos, existe la tentación de administrarlos en lugar de transformarlos. Pero la violencia contra las mujeres no puede convertirse en una estadística más; exige justicia que llegue a tiempo, servicios de salud dignos, protección real y autoridades que actúen con decisión. Las mujeres no necesitan más discursos: necesitan resultados.
La discusión sobre los derechos de las mujeres también se desarrolla en espacios internacionales. En lo personal, tuve el honor de participar en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas, cuyos trabajos iniciaron el pasado 9 de marzo en Nueva York. En ese espacio quedó claro que avanzar hacia la igualdad requiere decisiones políticas firmes. Escuchar las experiencias de otros países permite comprender que los avances no ocurren por inercia: exigen voluntad política, marcos legales sólidos y políticas públicas sostenidas en el tiempo.
En México, al menos tres desafíos siguen siendo urgentes. El primero es erradicar la violencia feminicida y garantizar mecanismos efectivos de protección para las mujeres. El segundo es cerrar la brecha salarial que limita las oportunidades de desarrollo de millones de mexicanas. El tercero es construir un verdadero Sistema Nacional de Cuidados.
Los compromisos internacionales, sin embargo, no pueden quedarse en declaraciones solemnes. Deben traducirse en leyes, presupuestos y acciones de gobierno capaces de transformar la vida cotidiana de las mujeres. De lo contrario, la igualdad seguirá siendo una promesa pendiente.
En ese contexto, durante el mes de marzo el PRI impulsará diversas propuestas legislativas orientadas a fortalecer la protección de los derechos y la seguridad de las mujeres. Al mismo tiempo, la reciente renovación de la dirigencia estatal del ONMPRI en el Estado de México, encabezada por Aurora González Ledezma, plantea el reto de fortalecer la presencia y organización de las mujeres en todo el territorio mexiquense, mediante trabajo territorial en los 125 municipios, la capacitación de nuevos liderazgos femeninos y la consolidación de una estructura que impulse su participación plena en la vida política del estado.
El desafío de nuestro tiempo es claro: que ninguna niña mexiquense crezca creyendo que el miedo es normal; que las mujeres puedan caminar, trabajar, participar y decidir con libertad; y que el 8 de marzo deje de ser un recordatorio del dolor para convertirse, finalmente, en la celebración de una igualdad que se viva todos los días.
Porque cuando las mujeres avanzan, no solo avanzan ellas: avanza toda la sociedad.
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