Durante la liguilla del torneo pasado del fútbol mexicano, Efraín Juárez, entonces director técnico de los "Pumas" de la UNAM nos recordó esta frase de uso popular y poco a poco se fue masificando a grado tal que actualmente se convirtió en la principal arenga de los mexicanos para motivar e impulsar a nuestra Selección de fútbol con la idea de seguir avanzando en la competencia mundialista de 2026.
Cuando el entrenador “Puma” la utilizó, lo hizo en un contexto de competencia que tenía con otros equipos de fútbol a los cuales les reconocía sus fortalezas y posibilidades de triunfo, pero a su vez asumía el reto de poderlos derrotar e incluso ser campeones, al final y contra muchos pronósticos los “Pumas” disputaron la final y fueron subcampeones.
Sin pretender hacer un análisis sociológico o antropológico de esta frase, vale la pena señalar la relevancia que ha adquirido esta declaración anímica y recordar que hemos utilizado ésta y otras expresiones cuando nos planteamos el reto de superar un escollo o nos adentramos a asumir una tarea de suyo difícil: “éntrale”, “si se puede”, “inténtalo”, “échale ganas”, “quien no compra boleto no puede aspirar a ganar”, entre las más comunes; y todas ellas apuntan en la misma dirección: no renunciar de antemano al objetivo trazado.
¿Y si sí? es una respuesta positiva y constructiva frente al pesimismo y la derrota, es una voz interna de arrojo, de osadía, de atrevimiento del que con antelación se plantea y encuentra en su pensamiento “el NO lo tengo de antemano”; ¿y si sí? es la búsqueda esperanzadora de momentos de alegría colectiva, que nos iguala a todos sin importar posición social ni orientación ideológica, es un llamado a no dejar de soñar ni de luchar para llegar a conseguir algo que parece materialmente imposible.
Con este arrojo que desafía al desánimo, se reafirma nuestra resiliencia para enfrentar tensiones como nación y como sociedad; ya hemos dado ejemplos de esta capacidad de resistencia, unidad y fraternidad que a veces practicamos sin reparar en los detalles que pueden dividirnos; lo hicimos ante la tragedia y el desastre ocasionados por los temblores de 1985 cuando las manos solidarias acudieron a remover escombros para salvar vidas, pero también nuestra historia; y más recientemente, cuando la sociedad se moviliza y protesta por la inseguridad que se vive, o cuando ha defendido nuestras instituciones, cuando participa con gran entusiasmo en los procesos electorales para castigar con su voto los excesos del poder y los malos gobiernos, en un ejercicio pleno de sus derechos ciudadanos para cambiar pacíficamente lo que no funciona bien.
La experiencia nos dice que cuando los mexicanos creen en algo y hacen suya una causa se producen cambios importantes; el ¿y si sí? de hoy ha sido sacado del anonimato por una sociedad que quiere seguir creyendo y soñando con un México triunfador, exitoso, no únicamente en el deporte; sino en todos los ámbitos sociales, políticos y económicos. El ¿y si sí? con el que debemos quedarnos es el que busca más justicia, menos desigualdad, más compañerismo, fraternidad y solidaridad, en una palabra, más valores en cada una de nuestras actividades cotidianas.
Después de este mundial quizá debemos empezar a entender que detrás de esas multitudes que hoy se organizan y salen a las calles para festejar un gol y un triunfo, está la exigencia de un México mejor, con mayores oportunidades y sin menos sobresaltos.
Mientras tanto disfrutemos esta Copa del Mundo y lo hecho por nuestra Selección.
Conéctate
