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Martes, 04 Agosto 2026 06:00

Otros trazos y tonalidades en la democracia

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El sábado pasado fui invitada a un evento en el que dos importantes moneros, Rafael Pineda y José García Hernández, compartieron con un nutrido grupo de ciudadanos y ciudadanas lo que para ellos ha significado el realizar caricatura política en un país como México en diferentes momentos de nuestro devenir.

 

Y es que la caricatura política no sólo es un género periodístico que ayuda a interpretar nuestra realidad, sino también es una forma dinámica y accesible para vivir nuestra vida cotidiana desde una perspectiva irónica, pero responsable. La caricatura política además se mantiene vigente, no es por proceso electoral, sino cotidiana.

 

La caricatura política es una expresión artística que termina siendo un termómetro de nuestra vida democrática como sociedad, ¿cuántas veces no hemos visto en marchas el uso de cartones que representan la exigencia de justica o el alto a la violación de derechos humanos? cuántas de esas caricaturas reflejaron en algún contexto particular nuestro sentir y nuestro rechazo a conductas inmorales de quienes detentan el poder.

 

Es así, porque la caricatura política lleva como elemento implícito la crítica social y esa misma se convierte en un motor de la participación ciudadana informada al presentar una realidad, una controversia, un hecho o una condición política de manera rápida y accesible, lo cual incentiva la necesidad de informarse, lo que fortalece el derecho a la información.

 

En una democracia, donde existe una sociedad plural, debe privar la libertad de expresión, y con información se pueden tomar mejores decisiones y esto se traduce en contar con un voto informado, es así como la ciudadanía cuenta con mayores elementos para decidir su propio destino.

 

La caricatura política tiene una gran cualidad, pues al utilizar al humor como herramienta para conectar con las audiencias, se convierte en un contenido muy accesible para todo tipo de público, jóvenes o incluso sectores apáticos, ya que lo sagrado se vuelve común, lo formal se hace sencillo, y el protocolo suele convertirse en un rasgo trivial.

 

Seguramente vendrán muchos cartones, habrá que tener claro que la caricatura política no desdibuja a las y los actores políticos, por el contrario, les advierte que su actuación debe garantizar honestidad y el reconocimiento de errores para tener mejores trazos, tonalidades y colores en el servicio público.

 

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