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Martes, 16 Junio 2026 06:00

El balón rueda en distintas realidades

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El pasado jueves se dieron cita miles de personas entre aficionados, y no tan seguidores del balompié, para presenciar el arranque de la copa mundial. 

 

A través de las plataformas y el televisor, o en algunos casos más afortunados en el Estadio Ciudad de México, aún con lo oneroso que resultó comprar un boleto para estar ahí, miles de personas dejaron de lado el ámbito laboral para ser parte del nuevo formato implementado, donde tres países son sedes de un evento que inició su historia en el siglo XX.

 

Se dieron cita personajes del medio artístico, deportivo y político, pero el futbol de este siglo XXI se presenta como un crisol de realidades.

 

Y es que afuera del estadio, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) continuó con sus protestas, para entre otras demandas, regresar al sistema solidario de pensiones, mientras las madres buscadoras exigieron no olvidar que miles de personas siguen desaparecidas en México, lo cual marcó el inicio de este este evento deportivo.

 

Sacheri, escritor argentino, describió al futbol como aquel que no sólo es capaz de crear comunidad, incluso en los momentos más difíciles, sino también que representa la esperanza y la creación de ídolos. 

 

Desde ese ámbito intelectual surgen las coincidencias y divergencias, Albert Camus, quien en algún momento jugó como portero, decía que lo que sabia acerca de la moral y las obligaciones se lo debía con mayor certeza al futbol.

 

En América Latina, Eduardo Galeano describía al futbol como una fiesta donde todos se unían, compartían, y las religiones quedaban al margen, pero también esta Borges, quien se refería a él con la siguiente frase: “el futbol es popular porque la estupidez es popular”, para él este deporte no sólo era feo, sino peligroso, justo al crear ídolos y que pudieran ser seguidos o se incorporaran a la política, ¿tenía razón?

 

La realidad es que este deporte y la organización de las copas mundiales también han sufrido cambios importantes. Este mundial es distinto en su organización y genera fuertes críticas, derivadas del propio modelo capitalista, donde el deporte pasa a un último plano, al ser una poderosa maquinaria de negocios y derrama económica sólo para unos cuantos. 

 

Lo principal es que este mundial no es accesible para toda la población, los precios excesivos de los boletos lo convierten en un espacio más de avaricia por quien lo organiza, como lo expresó el cineasta mexicano, Alejandro González Iñarritu. No hay que olvidar las multas y restricciones sobre la transmisión de los partidos, todos estos elementos lo vuelven más elitista. 

 

Además, no deben pasar desapercibidas las serias tensiones en la geopolítica mundial, la violación de derechos humanos que persiste en muchas latitudes, incluidas las sedes de este evento, y también la apatía política y social acompañada de indiferencia.

 

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