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Viernes, 09 Octubre 2026 06:00

También en Brasil cada voto cuenta

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Lo que sí sorprendió fue el resultado. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro quedó en primer lugar por apenas 1.87 puntos porcentuales frente a Luiz Inácio Lula da Silva

 

La jornada electoral del pasado domingo en Brasil trajo algunas sorpresas; pero que la elección presidencial se defina en una segunda vuelta no fue una de ellas. Desde la redemocratización en 1989 a la elección de 2022, siete de las nueve elecciones presidenciales se han definido en balotaje.

 

Lo que sí sorprendió fue el resultado. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro quedó en primer lugar por apenas 1.87 puntos porcentuales frente a Luiz Inácio Lula da Silva(47.03% contra 45.16%), pese a que las encuestas previas daban ventaja a Lula. Ambos nombres suenan familiares. El primero es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años y tres meses por su implicación en el intento de golpe de Estado entre 2022 y 2023. El segundo es el actual presidente. Ninguno superó el 50% de los votos válidos necesario para ganar en primera vuelta.

 

Más que hablar de la tendencia hacia la derecha que hemos presenciado desde hace un par de años en la región, el desencanto con las élites políticas tradicionales y la insatisfacción con la situación económica, quiero enfocarme en el reto de la segunda vuelta y en la mayor abstención que han tenido las elecciones brasileñas presidenciales desde 1998.

 

El reto es mayúsculo. Si bien lo habitual es lo contrario, la experiencia ha mostrado que los resultados de la primera vuelta no siempre se replican en el balotaje. Lo vimos en Chile en 2021, cuando Gabriel Boric revirtió el resultado de la primera vuelta frente a José Antonio Kast, o en 2023 cuando Javier Milei ganó en segunda vuelta, luego de haber quedado en segundo lugar frente a Sergio Massa.

 

Sin embargo, una tendencia que sí se repite en las segundas vueltas es el abstencionismo. Entre 2002 y 2018, la abstención subió entre la primera y la segunda vuelta de todas las elecciones presidenciales brasileñas. El fenómeno también se observó en Costa Rica en 2014 y, aunque por un margen muy estrecho, en los comicios de Uruguay en 2024. Este comportamiento puede explicarse con la reducción de la oferta electoral a solo dos opciones. En la elección del pasado domingo, las demás candidaturas sumaron poco menos del 8% de los votos. Ese electorado tendrá que decidir entre dos opciones que no fueron sus primeras opciones, y veremos campañas enfocadas en convencer a ese segmento de la ciudadanía.

 

El mapa no juega del todo a favor de Lula. De acuerdo con un análisis de la revista especializada Nexo, la participación aumentó en el norte y el noreste. En cambio, la abstención aumentó en el sur, el centro-oeste y el sudeste, regiones donde el Partido de los Trabajadores, que abandera a Lula, ha perdido apoyo. Es decir, buena parte del electorado que aún está por movilizarse se encuentra en territorios menos favorables para él. A esto se suma la pérdida de votos en dos estados que Lula ganó en 2022: Minas Gerais, en el sureste, y Tocantins, en el norte.

 

Desde la perspectiva de la elección racional, votar implica comparar los costos de acudir a las urnas con los beneficios esperados de hacerlo. Estos costos suelen disminuir en países con la figura del voto obligatorio, como sería el caso del país sudamericano. Sin embargo, el pasado domingo dos de cada diez brasileños y brasileñas decidieron no votar.

 

De cara al próximo 25 de octubre, el desafío será resolver uno de los mayores retos de la acción colectiva: convencerles de que una decisión individual, que puede parecer pequeña frente a la magnitud de una elección nacional, adquiere otra dimensión cuando se suma a la de millones de personas votantes.

 

Con una diferencia de apenas 1.87 puntos porcentuales entre Bolsonaro y Lula, cada voto cuenta. La participación será la que incline la balanza en Brasil y nos obligará a una reflexión de fondo: cuando una sociedad está fracturada prácticamente por la mitad, ¿el futuro lo deciden las mayorías o también quienes, al no participar, terminan dando forma a ese resultado colectivo?

 

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