El reto se vuelve más evidente al profundizar en lo que entendemos por paridad y es el propio reporte el que lo demuestra
Lo que no se mide no se puede mejorar. Este mantra de quienes creemos en la capacidad de los datos para generar aprendizajes y orientar esfuerzos vuelve especialmente valiosa la lectura del Reporte Global de Brechas de Género del Foro Económico Mundial (FEM). A 20 años de su primera edición, mirar dónde estamos y qué tan lejos seguimos de alcanzar la paridad de género.
En octubre de 2024, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas definió la representación igualitaria e inclusiva como una paridad 50-50 entre mujeres y hombres, que garantice igualdad en el acceso y en el poder dentro de los sistemas de toma de decisiones. Esto incluye los espacios políticos, públicos, económicos y digitales.
Los hallazgos de la vigésima edición del reporte son, en este sentido, agridulces. La brecha global de género se encuentra cerrada en 69.2% entre las 145 economías incluidas en 2026. En Salud y Supervivencia, así como en Logro Educativo, la paridad está prácticamente alcanzada, con 96.2% y 96.9%, respectivamente. El panorama cambia en Participación Económica, con 61.7%, y se vuelve mucho más distante en Empoderamiento Político, donde apenas se ha cerrado 22.1% de la brecha. A este ritmo, alcanzar la paridad en esta última dimensión tomaría 194 años.
Empoderamiento Político es, al mismo tiempo, la dimensión más rezagada y la que más ha avanzado. Entre 2006 y 2026, su puntuación global aumentó ocho puntos porcentuales, frente a 6.1 en Participación Económica y 6.5 en Logro Educativo. Para las 97 economías incluidas en las 20 ediciones del reporte, la puntuación global pasó de 64.2% en 2006 a 69.4% en 2026. Hay avances, pero el punto de partida importa.
El reto se vuelve más evidente al profundizar en lo que entendemos por paridad y es el propio reporte el que lo demuestra. En los gobiernos, por ejemplo, el número de carteras encabezadas por mujeres aumentó 26% desde 2008, pero su distribución por nivel de influencia cambió poco. En 2026, las carteras de influencia media muestran proporciones similares a 2008, mientras los hombres encabezan casi el doble de las de alta influencia.
Algo parecido ocurre en el mercado laboral. En 57 economías, la representación de las mujeres cae de 46% en posiciones de entrada a 23% en alta dirección. Además, existen diferencias entre sectores: mientras Salud y Cuidados presentan una presencia femenina relativamente alta, Infraestructura y Petróleo, Gas y Minería están entre los sectores con menor representación. Incorporarse al mercado laboral no significa necesariamente romper los patrones que concentran a mujeres y hombres en distintos sectores y niveles de responsabilidad.
En América Latina y el Caribe, además, las mujeres siguen dedicando significativamente más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que condiciona su participación en igualdad de condiciones en el mercado laboral, y sus posibilidades de alcanzar autonomía económica y posiciones de mayor responsabilidad.
Vale la pena adentrarse en cada aspecto del reporte. Por lo pronto, estas dos décadas de medición dejan una lección: la paridad tiene matices. Podemos avanzar mucho en una dimensión y mantener brechas importantes en otra.
El reto de acceder y ejercer poder en igualdad de condiciones continúa en todos los espacios donde se toman decisiones: en la política, las empresas, la academia, y aquellos sectores donde la presencia de mujeres es menor.
Medir con robustez y consistencia nos permite ver el camino recorrido. Ampliar la conversación sobre paridad permite, además, identificar con mayor claridad los peldaños que todavía faltan.
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