La democracia como obra inacabada: treinta años del IEEM
Escrito por Jose Rivera FloresVeinticuatro. Ese es el número de procesos electorales que el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) ha organizado en treinta años: cinco para elegir la Gubernatura, diez para renovar diputaciones y ayuntamientos, y las elecciones extraordinarias de Ayapango, Chalco, Atenco, Tepotzotlán, Ocoyoacac, Chiautla, Nextlalpan y Atlautla, además de la elección de personas juzgadoras.
Detrás de cada una de esas cifras hay millones de decisiones individuales, pero también algo menos visible: un conjunto de reglas que todas las personas aceptan antes de que se abra la primera casilla.
Esa idea está en el centro del pensamiento de Norberto Bobbio. En “El futuro de la democracia”, el filósofo italiano sostiene que lo que distingue a una democracia de cualquier forma de gobierno autocrático son sus reglas: las que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y mediante qué procedimientos. No define la democracia por sus resultados ni por quién gana, sino por el camino que todos aceptan recorrer para decidir.
Visto así, una elección es mucho más que una jornada de votación. Es el momento en que esas reglas se ponen a prueba. Para que funcionen se necesitan autoridades imparciales, condiciones de competencia justas y procedimientos en los que las personas puedan confiar, incluso cuando el resultado no les favorece. Esa confianza no se decreta: se construye elección tras elección, con reglas claras, personas preparadas y resultados que cualquiera puede conocer y revisar.
Nada de esto ocurre solo. Detrás de cada elección hay miles de personas: quienes integran los órganos del instituto en distritos y municipios, quienes capacitan y, sobre todo, ciudadanas y ciudadanos que aceptan recibir y contar los votos de sus vecinas y vecinos. La democracia también descansa en esa corresponsabilidad.
Las elecciones extraordinarias muestran bien esta lógica. Cuando una elección no puede concluir con un resultado válido, las reglas prevén cómo repetirla. En Ayapango, Chalco, Atenco o Atlautla, la democracia no se detuvo: volvió a convocar a la ciudadanía por un camino ya establecido. La confianza en las reglas es lo que permite corregir, y corregir a tiempo es también una forma de cuidar la democracia.
Bobbio sostenía además que la democracia es el gobierno del poder público en público: lo que se decide debe poder verse. Por eso importan la transparencia, la rendición de cuentas y la información abierta, que permiten a cualquier persona revisar cómo se organiza una elección e incluso participar como observadora electoral y dar fe de los resultados de los comicios.
Treinta años de trabajo dejan una experiencia institucional considerable, pero Bobbio también advertía que la democracia está hecha de promesas que nunca se terminan de cumplir. Por eso el aniversario va más allá de ser solo una celebración. Organizar elecciones confiables es una condición necesaria, pero no suficiente: la democracia también requiere que la ciudadanía conozca sus derechos, tenga información accesible y vea en su participación algo que vale la pena. Esa tarea, la de la educación cívica y la cultura democrática, sigue siendo una de las más grandes del instituto, y no se resuelve de una vez. Por eso la labor no termina el día de la elección: explicar qué hace cada autoridad, cómo se cuentan los votos y qué derechos se tienen, forma parte del mismo esfuerzo.
El aniversario coincide, además, con el inicio del Proceso Electoral para la Elección de Diputaciones y Ayuntamientos 2026-2027, que arrancó el 14 de septiembre de 2026. Éste será el siguiente de esa lista de procesos, y requerirá lo mismo que todos los anteriores: personas preparadas en cada distrito y municipio, procedimientos claros y una ciudadanía que participe. Cada proceso renueva el compromiso: que las reglas sean iguales para todas las personas.
Treinta años después, la dinámica social hace que, la democracia siga siendo una obra inacabada. Es una construcción que cada generación sostiene y mejora. Para el IEEM, cumplir tres décadas significa contar con una valiosa experiencia y renovar el compromiso con aquello que da sentido a las reglas: que se cumplan para todas las personas, en cada elección. Quizá esa sea la mejor manera de celebrar este aniversario: reconocer lo alcanzado y, a la vez, atender lo que cada elección nos recuerda que sigue pendiente.
Referencia: Bobbio, N. (1996). El futuro de la democracia (2.ª ed.). México: Fondo de Cultura Económica.
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