La arquitectura invisible de las elecciones
Escrito por Jose Rivera FloresEn medio de la discusión pública que han suscitado las recientes reformas en materia electoral, pocas veces se vuelve la mirada hacia uno de los procesos más importantes —y menos visibles— para la vida democrática: el reclutamiento y la selección de las personas que integran los órganos desconcentrados del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), responsables de organizar y dar seguimiento a las elecciones en los 45 distritos electorales y 125 municipios de la entidad.
Con frecuencia, el debate sobre democracia se concentra en las campañas, las candidaturas o los resultados electorales; sin embargo, la solidez de una elección comienza mucho antes de la jornada comicial. Detrás de cada proceso existe una estructura técnica y humana encargada de garantizar legalidad, imparcialidad, certeza y transparencia en cada etapa de la elección.
Por ello, la integración de estos órganos no responde a designaciones discrecionales ni a decisiones improvisadas. Por el contrario, el IEEM ha consolidado un modelo de reclutamiento sustentado en convocatorias públicas abiertas y transparentes, orientadas a privilegiar el mérito, la experiencia y las capacidades técnicas de quienes aspiran a integrar los órganos desconcentrados.
Las personas aspirantes deben acreditar distintas etapas de evaluación. Entre ellas destaca la aplicación de un examen de conocimientos, una valoración curricular que considera la trayectoria académica y laboral de las personas participantes, así como entrevistas dirigidas a identificar habilidades, competencias e idoneidad para ocupar el cargo.
El propósito es asegurar que quienes resulten designados cuenten con las capacidades necesarias para conducir tareas fundamentales antes, durante y después de la jornada electoral.
Y es que el trabajo de las vocalías no se limita a labores administrativas. De ellas depende buena parte de la organización operativa de las elecciones en cada distrito y municipio, desde el acompañamiento en la identificación de los espacios donde se instalarán las casillas, en coordinación con el INE, hasta actividades clave como los cómputos electorales y la entrega de constancias de mayoría a las personas electas.
La relevancia de estas responsabilidades exige personal altamente calificado y en constante actualización, por lo que en cada proceso electoral las vocalías son sujetas a evaluaciones de desempeño con metas específicas de acuerdo con sus atribuciones. Asimismo, reciben capacitación permanente y acompañamiento mediante herramientas tecnológicas que fortalecen su labor institucional.
Además de privilegiar el mérito y la capacidad profesional, el procedimiento de selección incorpora principios fundamentales para la vida democrática contemporánea. Entre ellos destaca la paridad de género en la integración de los órganos desconcentrados, así como la inclusión de personas jóvenes mayores de 25 años, impulsando así espacios más representativos e incluyentes.
En un contexto donde la confianza pública en las instituciones enfrenta desafíos constantes, fortalecer mecanismos abiertos, transparentes y competitivos de reclutamiento resulta fundamental para consolidar la legitimidad democrática. Como lo señala la literatura especializada “la democratización se debe materializar en que la ciudadanía sea un actor clave y activo en la toma de decisiones de los asuntos públicos” (Díaz Avellaneda, 2013). Bajo esa premisa, abrir el acceso a la función electoral mediante concursos públicos fortalece tanto la participación ciudadana como a las instituciones encargadas de garantizar elecciones confiables e íntegras.
Bibliografía.
Díaz Avellaneda, I. C. (2013). La democratización y la participación ciudadana, fundamentos para el fortalecimiento del alto gobierno en la construcción y desarrollo de políticas públicas. Administración & Desarrollo, pág. 15, disponible en: https://revistas.esap.edu.co/index.php/admindesarro/article/view/115/pdf
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